El comienzo de abril y la contaminación atmosférica en nuestras ciudades
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El recambio de calefactores y la rehabilitación térmica avanzan lento frente al tamaño total del parque habitacional. El bajo precio de la leña sigue siendo una barrera difícil de superar, especialmente cuando la alternativa más limpia —la electricidad— mantiene tarifas elevadas para los hogares de menores ingresos.
Cada año, entre 4.000 y 4.500 chilenos mueren prematuramente debido a los elevados niveles de contaminación del aire. Con esta cifra del Ministerio de Salud, no puede naturalizarse ni asumirse como un costo inevitable, la llegada del otoño en el centro sur de Chile activa uno de los mecanismos más urgentes para la salud pública: la Gestión de Episodios Críticos. Esta herramienta, administrada por el Ministerio del Medio Ambiente, opera desde abril hasta fines de septiembre en las ciudades con un Plan de Descontaminación Atmosférica, y consiste en alertar a la población cuando los niveles de contaminación se aproximan al umbral de las normas de calidad primaria del aire, diseñadas para proteger nuestra salud.
Tras más de una década de implementación en las regiones de Ñuble y Biobío, los resultados son alentadores. La reducción sostenida de las emergencias ambientales refleja mejoras concretas en la concentración de material particulado fino (MP2,5), ese contaminante invisible penetra hasta los alvéolos pulmonares y circula por el torrente sanguíneo. Su principal fuente en nuestras ciudades es la combustión de leña en calefactores domiciliarios, lo que convierte la calefacción del hogar en un problema colectivo de salud pública que no puede seguir siendo tratado solo como una decisión privada.
Los planes contemplan medidas diversas: recambio de calefactores, uso obligatorio de leña seca, acondicionamiento térmico de viviendas y restricciones a actividades físicas escolares en días de emergencia. En Ñuble, el reacondicionamiento térmico ha mostrado resultados especialmente efectivos. En el Biobío, Concepción exhibe avances concretos, aunque Los Ángeles mantiene un ritmo más lento que preocupa.
Persisten, sin embargo, obstáculos importantes. El recambio de calefactores y la rehabilitación térmica avanzan lento frente al tamaño total del parque habitacional. El bajo precio de la leña sigue siendo una barrera difícil de superar, especialmente cuando la alternativa más limpia —la electricidad— mantiene tarifas elevadas para los hogares de menores ingresos.
Pero la amenaza a nuestros pulmones no se limita a los meses de frío. Desde la academia advertimos una grave brecha en estos planes: los incendios forestales del verano deterioran severamente la calidad del aire fuera del período de gestión, dejándonos sin medidas de protección. Es una inconsistencia que debemos corregir.
Avanzar no es suficiente cuando el objetivo —reducir la contaminación y proteger la salud— sigue sin cumplirse plenamente. Se requiere diversificar la matriz de calefacción, incentivos reales para que la calefacción limpia no sea un lujo, así como también acelerar el aislamiento térmico y fortalecer la colaboración entre el Estado, la academia, el sector privado y las organizaciones comunitarias. Las juntas de vecinos, en particular, son actores clave que aún no se integran del todo en estas estrategias.
Abril llega con frío y con urgencia. Ojalá también llegue con más decisión.
Columnista
Dr. Ricardo Barra Ríos
Director, Centro de Ciencias Ambientales EULA, Universidad de Concepción
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