La generación 2026 de la UdeC Campus Chillán comenzó su vida universitaria con historias marcadas por la diversidad, la perseverancia y el cumplimiento de metas personales y familiares. Durante el recibimiento institucional, las y los nuevos estudiantes compartieron sus vivencias de estas primeras semanas, además de conocer la oferta de servicios universitarios y participar en juegos y actividades que les permitieron conectar con el espíritu de comunidad que promueve la Universidad de Concepción.
Este año, la UdeC Campus Chillán recibió a 468 estudiantes, provenientes de distintas comunas del país, con realidades y trayectorias muy distintas, pero unidos por una misma meta: construir su futuro profesional en una universidad reconocida por su calidad académica y vida universitaria.
Para Nataly Saldías Gómez, ingresar este año a Enfermería representa mucho más que comenzar una carrera. A sus 41 años, llegó a la UdeC tras completar sus estudios de Técnico en Enfermería Nivel Superior en el Instituto Virginio Gómez, logrando el mejor promedio de su generación y accediendo mediante articulación.
“Desde niña quise estudiar Enfermería, pero en su momento no pude por falta de recursos. Siempre pensé en la UdeC para hacerlo por el prestigio que tiene. Es un sueño hecho realidad. Todavía no me lo creo”, comentó emocionada. Procedente de San Carlos, viaja a diario para llegar al campus y reconoce que compatibilizar la vida universitaria con su rol de madre de dos hijos no ha sido fácil, aunque asegura que el apoyo familiar ha sido fundamental para lograrlo. “Mis hijos y mi marido están muy orgullosos”, agrega. Tan importante como este apoyo ha sido la buena acogida de sus compañeros, con quienes dice entenderse muy bien pese a la diferencia generacional.

Historias como la suya conviven con las de quienes dejaron sus ciudades de origen para iniciar una nueva etapa. Sofía Ramírez Araya, estudiante de Ciencias Veterinarias, decidió trasladarse desde San Clemente, en la Región del Maule, hasta Chillán motivada por el reconocimiento de la carrera y el enfoque de su formación: “Siempre fue mi primera opción. No conocía Chillán, y todo ha sido nuevo, pero hasta aquí ha sido muy amigable la experiencia y me ha gustado mucho”, señaló.

Adaptación y acompañamiento
La adaptación a la vida universitaria es uno de los desafíos que más se repite entre las y los estudiantes de primer año. Dany Ricaurte Aguilera, estudiante de Ingeniería Comercial, oriundo de Chillán Viejo, reconoce que el cambio en los hábitos de estudio ha sido uno de los procesos más complejos: “Me costó entrar, pero lo hice a través del CADE. Mi experiencia ha sido muy bonita, he hecho nuevas amistades y me he sentido muy a gusto con compañeros y profesores”, comentó.

Precisamente, el acompañamiento académico y humano aparece como uno de los elementos más valorados por esta nueva generación. Pascale Sobarzo Palma, estudiante de Derecho proveniente del sector de Rahuil, en la comuna de Ránquil, destacó el apoyo recibido durante sus primeras semanas en la Universidad: “Aunque siempre tuve inclinación por la humanidades, no estaba tan segura de estudiar Derecho, pero ahora puedo decir que estoy encantada con la carrera”, afirmó. Sobre el proceso de adaptación, añadió que “el CADE me ha dado tips para que el cambio de la educación media a la universidad no sea tan brusco”.

La vocación también ha sido un motor decisivo en quienes eligieron carreras ligadas al medio ambiente y al desarrollo sustentable. Cristián Romero Durán, chillanejo, estudiante de Ingeniería Ambiental, explicó que su decisión estuvo marcada por su interés en la naturaleza y el cuidado del entorno: “Siempre fue mi primera opción el campus y la carrera porque aquí se enfocan mucho en la relación de las empresas con el medio ambiente”, señaló, agregando que una de sus asignaturas favoritas ha sido Cálculo I, la que suele ser desafiante para muchos estudiantes de primer año.

Para Juan Ignacio Rojas Sandoval, estudiante de Agronomía, la elección de la UdeC estuvo vinculada al prestigio de la Facultad de Agronomía y a la experiencia universitaria que imaginaba vivir: “Estoy disfrutando el proceso universitario que ha sido muy acogedor, con mis compañeros que son súper simpáticos, los profesores bien, harto deporte, todo cien por ciento recomendable”, comentó. Proveniente de la comuna de Yungay, la experiencia le ha resultado más fácil porque cuenta con el apoyo de toda su familia, incluso se aloja con sus primos en Chillán cuando lo necesita.

Esa sensación de cercanía y comunidad también fue destacada por Renato Ortega Ramírez, estudiante de Ingeniería Civil Agrícola, quien optó por quedarse en Chillán cerca de su familia.
“Creo que tomé una muy buena decisión para estar más cerca de mi familia. Me he sentido muy bien, sobre todo por la hospitalidad de la gente. Todos han sido buenas personas y dispuestos a ayudar cuando se necesita”, afirmó.

Las historias de la generación 2026 reflejan así una comunidad estudiantil diversa, donde convergen distintas edades, territorios y experiencias de vida, pero donde también se comparten desafíos comunes: la adaptación, la construcción de nuevas amistades y el entusiasmo por comenzar una etapa que, para muchos y muchas, representa el cumplimiento de un sueño largamente esperado.







