El uso de coberturas vegetales en cultivos agrícolas podría transformarse en una estrategia clave para mejorar la salud del suelo y avanzar hacia sistemas productivos más sostenibles. Bajo esta premisa, la Universidad de Concepción desarrolla una investigación orientada a evaluar el impacto de este compuesto en los suelos de huertos de avellano europeo (Corylus avellana).
Con este fin, se realizan ensayos con siembra de festuca enana y trébol subterráneo, y con pastos que crecen de forma espontánea en los cultivos, para contrastarlos con el sistema de manejo convencional, con suelos desnudos.
Los resultados preliminares de la investigación evidencian que el uso de coberturas vegetales, contribuyen a mejorar la actividad biológica del suelo de plantaciones de avellano europeo, aumentando la materia orgánica, la abundancia de microorganismos y la actividad enzimática. Estos indicadores dan cuenta de suelos más activos y funcionales, con mayor capacidad para procesar nutrientes, aunque con respuestas que pueden variar según las condiciones locales y el tipo de suelo.
“Los cultivos de cobertura, especialmente la vegetación espontánea, están mejorando la vida en suelos de huerto de avellano, lo que podría hacer la producción más sostenible”, adelantó la investigadora doctoral del Laboratorio de Microbiología de Suelos de la Universidad de Concepción, Rosa Vergara Retamales.
La química ambiental y candidata a doctora en Ciencias de la Agronomía explicó que su tesis tiene por propósito entender cómo los microorganismos del suelo responden a distintas prácticas agrícolas.
El objetivo es potenciar el manejo del suelo, con el fin de evitar erosión, aumentar la acumulación de carbono y favorecer la diversidad microbiana, agregó el académico de Agronomía UdeC y tutor guía de la investigación, Dr. Mauricio Schoebitz Cid.
Estos estudios son relevantes en el contexto del fuerte aumento experimentado por estos cultivos en el último tiempo, particularmente entre las regiones del Maule y Los Lagos, situando a Chile como el segundo productor a nivel mundial, después de Turquía, y principal exportador del hemisferio sur.

El académico del Departamento de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía, Dr. Ernesto Moya Elizondo, indicó que el avellano europeo alcanza a 49 mil 263 hectáreas a nivel del país, lo que representa el 12,9% de la superficie frutícola.
La cifra se ha duplicado desde 2020 cuando se registraron 24 mil 430 hectáreas, de acuerdo a información de la Oficina de Planificación y Políticas Agrarias (Odepa).
“El cultivo ha tenido un crecimiento explosivo y se exporta principalmente al mercado europeo, donde la empresa Ferrero (grupo italiano dueño de marcas como Nutella y Kinder) concentra sobre el 80% de la compra de la producción nacional”, comentó el Dr. Moya.
Este fruto seco se ha convertido en el principal cultivo frutal en las regiones de Ñuble, con 8 mil 850 hectáreas, y Biobío, con 4 mil 956.
Coberturas vegetales mejoran suelos de avellano europeo
Los ensayos se establecieron en 2023 en campos de Chillán y, luego en Los Ángeles, con suelos de texturas franca –mezclas de arena, limo y arcilla- y arenosa, considerando cobertura entre y sobre hileras, respectivamente.
En términos generales, los estudios muestran que los cultivos de cobertura, especialmente la que se desarrolla de forma natural entre las hileras, tienen un efecto positivo sobre la actividad biológica del suelo.
“En Chillán, por ejemplo, vimos que estos sistemas presentan mayor porcentaje de materia orgánica, mayor abundancia de microorganismos y mayor actividad enzimática, lo que indica que el suelo está más activo y funcionando mejor”, contó Rosa Vergara.
Esto es relevante porque los microorganismos del suelo son clave para liberar nutrientes esenciales para el crecimiento de los cultivos.

En el caso del Chillán, los resultados permiten dar cuenta de una tendencia consistente que evidencia que los suelos cubiertos son más activos biológicamente que aquellos manejados solo con herbicidas o laboreo.
No así en Los Ángeles, donde el efecto de la cobertura no es tan evidente en el corto plazo.
“A nivel general, podemos decir que la presencia de cobertura vegetal mejora la actividad del suelo en suelos francos de Chillán”, puntualizó la investigadora, a la vez que aclaró que han visto que “la respuesta puede variar según el lugar y la temporada, lo que es esperable en sistemas biológicos”.
Por eso, la idea del estudio es entender estos efectos de las coberturas vegetales en suelos de avellano europeo a lo largo del tiempo y en distintas condiciones.
Suelos y gases de efecto invernadero
Otra arista está orientada a entender la relación entre estas prácticas y los gases de efecto invernadero (GEI), materia en la que la química ambiental profundizó a partir de una pasantía doctoral en la Universidad Politécnica de Cartagena (España).
Los análisis evidenciaron que cultivos con cobertura aportan materia orgánica al suelo, contribuyendo almacenamiento de carbono.
“Además, hemos observado aumentos en fracciones de carbono más disponibles para los microorganismos. Esto indica que el suelo está más activo y con mayor capacidad de procesar nutrientes”, señaló Vergara.

La investigadora comentó que esperan que a futuro esta investigación sirva para avanzar hacia sistemas de producción de avellano más sostenibles, donde el manejo del suelo no dependa exclusivamente de insumos externos, sino que también considera sus procesos biológicos naturales.
“También buscamos generar información que permita a los agricultores tomar decisiones más informadas, incorporando indicadores biológicos del suelo en su manejo”.
Los resultados registrados hasta ahora -según el Dr. Mauricio Schoebitz- sugieren que estas prácticas tienen potencial como herramientas de adaptación y mitigación frente a los desafíos del cambio climático y la degradación de suelos.
Esta investigación se realiza en colaboración con INIA-Quilamapu, con contribuciones del especialista en frutales, Dr. Jorge Retamal.







