
Crédito: Archivo DirCom
Es importante resaltar, la relevancia que tiene la existencia de infraestructura hídrica y una política pública sostenible del uso del agua. En este punto quisiera tratar dos desafíos: la necesidad de un acuerdo público – privado de la necesidad de resiliencia hídrica; y de un abordaje territorial diferenciado.
En todo el mundo la demanda de agua supera la disponibilidad. Sin embargo, no todos los Estados sufren el mismo estrés hídrico, entendido como la relación entre la demanda de agua y el suministro renovable. Chile está, según el WRI, entre los 25 países del mundo con mayor estrés hídrico, ya que utiliza al menos el 80% del suministro disponible. Este es un llamado urgente de atención.
Este fenómeno amenaza la vida, la seguridad alimentaria y la realización de muchas actividades, ya que la escasez de agua impide la producción agrícola basada en regadío, provoca disminución de la industria minera y limita la producción de energía. La situación actual exige un abordaje integral y urgente de la demanda hídrica en Chile. Por supuesto, también está la necesidad institucional de coordinación que podría ser abordada por una Agencia Nacional del Agua, en que tenemos ejemplos de países que han avanzado a ello, como Francia y Brasil, con bueno resultados que podrían ser evaluados.
Es importante resaltar, la relevancia que tiene la existencia de infraestructura hídrica y una política pública sostenible del uso del agua. En este punto quisiera tratar dos desafíos: la necesidad de un acuerdo público – privado de la necesidad de resiliencia hídrica; y de un abordaje territorial diferenciado.
Un primer desafío es el compromiso del sector privado en el logro de objetivos internacionales clave en materia hídrica como el ODS 6 (agua potable y saneamiento), incorporando la gestión del agua como un elemento central en la sostenibilidad del negocio, la evaluación de riesgos, las decisiones de inversión y la cultura organizacional. Para ello es posible medir la huella del agua (ISO 14046) y la gestión de la eficiencia hídrica (ISO 46001) respecto de las actividades desempeñadas por los actores.
Existen importantes iniciativas como el concepto de “agua positiva” en que la respectiva empresa privada restaura y gestiona el agua, para que sea mayor que la cantidad de agua consumida o agotada en su proceso productivo. Como lo señala el Pacto Global Chile de la ONU a través de su directora ejecutiva Margarita Ducci: “este enfoque buscar ir más allá de la neutralidad hídrica, buscando que las organizaciones no sólo minimicen su consumo, sino que contribuyan activamente a reponer más agua de la que utilizan en las cuencas en que operan.” Para lograr este desafío se debe implementar tecnologías innovadoras de riego para la agricultura, la reutilización de aguas residuales, el desarrollo y regulación de la desalación, así como la protección y restauración de los ecosistemas hídricos.
Un segundo desafío es la consideración del impacto a escala local, ya que los efectos de la crisis hídrica no se manifiestan de manera uniforme en todo el territorio. Un ejemplo de ello es la situación de la cuenca del Limarí, donde el estrés hídrico ha alcanzado niveles críticos. Chile puede enfrentar la actual crisis de seguridad hídrica si aborda la situación cómo un nuevo escenario en que debemos valorizar el agua, gestionar la demanda y dar espacio para un diálogo fructífero entre ciencia, tecnología y políticas públicas.
Columnista

Dra. Amaya Alvez Marin
Profesora Titular de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales UdeC
Investigadora Asociada CRHIAM
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