Como parte de las acciones de vinculación del proyecto Fondecyt “Recolección en el siglo XXI: Sistemas socioecológicos resilientes en áreas costeras del centro-sur de Chile”, investigadores de la Universidad de Concepción promovieron un encuentro entre artistas del Festival de Jazz de Lebu y recolectoras de frutos del bosque locales, poniendo en valor la riqueza cultural y ecológica del territorio.
Esta actividad consolida una colaboración que ya suma cuatro experiencias orientadas a acercar a los artistas visitantes a los procesos, desafíos y valores que caracterizan al territorio, sus desafíos, sus cualidades, sus valores y sus dilemas. Llevando estos encuentros a la orilla del mar, al interior del bosque y esta vez a la muestra culinaria enmarcada en esta red de trabajo.
Para la presidenta de la Asociación de recolectores de nalcas de Pehuén, Cledia Flores, fue una oportunidad de “mostrar lo que hacemos los recolectores y que gente que viene de otros lugares quisiera degustar nuestros productos me deja muy contenta porque es un paso importante para que ellos difundan el hecho de que acá vivimos personas que defendemos estos productos ante tanta escases pero que con nuestro trabajo y nuestra garra podemos mantenerlos hasta el día de hoy”.
De esta forma se vislumbra parte central de los objetivos de la investigación: “Estudiar desde el conocimiento científico y los conocimientos locales y tradicionales las características y cualidades de la recolección como práctica inmersa en sistemas socioecológicos resilientes que han demostrado desarrollar capacidades adaptativas a través del tiempo”, explicó la académica de la Facultad de Humanidades y Arte e investigadora responsable del proyecto financiado por ANID, Noelia Carrasco Henríquez.

Más allá de pararse en un escenario
La recolección de frutos del bosque y de las orillas es una actividad que persiste en el Lebu moderno desde antes del siglo XIX, cuando las ciudades y la agroindustria comenzaron a concentrar parte importante de la actividad productiva, desplazando a miles de años en que la población originaria ya lo realizaba.
Para Fulvio Casanova, Director y productor del festival, “la cultura no solo tiene que ver con la música y las bellas artes sino que tiene que ver justamente con lo que hacen las recolectoras, entonces esa fusión nos pareció interesantísima y se siguió haciendo porque los músicos fueron los más entusiasmados”.
La persistencia de la agrupación de recolectores ha permitido que instancias como el Festival de Jazz muestre este interés en compartir con el territorio y quienes le habitan.
“He visto niños crecer siendo músicos, aprender y trabajar en cruceros en todo el mundo, que es fruto de este feedback tan sutil, debido a la constancia de los años, algo que construyen ese patrimonio local y que constituyen parte de las experiencias notables dentro de la vida de un músico”, reflexionó el director artístico del festival y reconocido guitarrista, Jorge Díaz.
“Somos outsider, músicos y gente que genera estas actividades fuera de lo común y que afortunadamente podemos cruzarnos viviendo estas experiencias hermosas como fue probar estos alimentos que solo había logrado escuchar y probarlas aquí, en preparaciones deliciosas mientras tocamos”, agregó Jorge sobre la vinculación entre el arte, el patrimonio y las ciencias








