“Lache”, “hatear” o “kizazo” son expresiones que hoy forman parte del lenguaje cotidiano de muchas personas jóvenes. Aunque para otras generaciones puedan parecer palabras incomprensibles o pasajeras, para la lingüística representan mucho más que una moda: son evidencia de cómo la lengua evoluciona para responder a nuevas realidades sociales y culturales.
La académica del Departamento de Idiomas Extranjeros de la Facultad de Humanidades y Arte de la Universidad de Concepción y especialista en neología léxica, Paola Cañete Robles, explicó que el lenguaje está en constante movimiento, respondiendo de forma rápida a los cambios del entorno. La llegada de nuevas palabras, desde esta perspectiva, no debería interpretarse como una amenaza para el español sino como manifestación de vitalidad.
«No creo que sea una pérdida de expresiones propias del español chileno. Creo que es una transformación natural del lenguaje. Se debe a la velocidad con la que avanza todo, con la vitalidad de la lengua que es rápida», señaló la docente y directora del Magíster en Lingüística Aplicada UdeC.
En este marco, un neologismo corresponde a un vocablo, acepción o giro nuevo en una lengua surgidos para denominar experiencias, prácticas, objetos o fenómenos que no existían o que han sido reinterpretados.
Huella de una cultura global
Según Paola Cañete, la circulación global de la información, especialmente en inglés, allana el camino a la adopción de nuevas expresiones que los hablantes incorporan de manera espontánea a su vida cotidiana.
«Hay muchas expresiones que se podrían decir en español, pero en este contexto universal de acceso a tanta información, mucha de ella en inglés, nos hace tomar esa palabra más fácil desde ese idioma», afirmó Robles.
Dentro de muchas de las palabras utilizadas actualmente por las generaciones jóvenes existe un fenómeno más profundo ligado a la interacción entre lenguas y culturas. El inglés se ha instalado como un idioma de alta influencia en ámbitos como la tecnología, entretenimiento, comercio y redes sociales, favoreciendo la incorporación de numerosos préstamos lingüísticos al español.
Para la académica, este proceso tiene consecuencias culturales que trascienden al vocabulario, ya que también se incorporan prácticas, referencias y formas de comprender el mundo.
«La influencia del inglés si va cambiando la identidad cultural de las sociedades. Chile tiene mucha influencia del inglés en cuanto a lenguaje, también hemos adquirido algunas costumbres. Por ejemplo, Halloween, que hasta hace unos años no se celebraba, ahora es cada vez más masiva», afirmó.
No todos los préstamos responden a las mismas necesidades, según planteó la investigadora. Algunos surgen por no existir un equivalente adecuado en español, como ocurrió con “dron”. Otros, se mantienen por razones de economía lingüística o incluso por las connotaciones que transmiten.
«Hay una función de snobismo con algunas palabras provenientes del inglés. Por ejemplo, “running” en vez de salir a correr. O “ropa oversize” por ropa grande. Es un estilo distinto, transmite una connotación distinta», comentó.
Claves para no ser «exposeado»
Desde la investigación lingüística, es relevante entender por qué aparecen determinadas palabras y las necesidades comunicativas que vienen a satisfacer. Así, mantenerse al día con el lenguaje emergente no requiere memorizar definiciones ni aprender cada temporada un nuevo “diccionario”.
Algunas expresiones nacen para nombrar realidades inéditas, mientras otras cumplen funciones más lúdicas o identitarias. La académica UdeC explicó que muchas de estas palabras desaparecen rápidamente, pero otras logran afirmarse hasta ser estandarizadas.
«La palabra ingresa al diccionario cuando tiene una frecuencia de uso muy estable, es aceptada por los hablantes, es asimilada, y cumple con otros requisitos para entrar al Diccionario de la Lengua Española, que es el oficial en nuestro caso. Hay un concepto que es el ocasionalismo, que se da por una necesidad momentánea. Esos ocasionalismos, por ejemplo, jamás van a llegar al diccionario», indicó.
El trabajo académico aborda la atención a los contextos en que se utilizan las palabras, lo que permite obtener más valor que intentar aprenderlas de forma aislada, además de interpretar mejor el resultado y la relevancia de cada innovación.
La trayectoria reciente del español ofrece ejemplos de popularización de términos impulsados por la pandemia, el movimiento feminista y la evolución de la delincuencia, que ha instalado expresiones como “motochorro”, “motoclock” o “portonazo”.
«Desde el punto de vista denominativo, empezamos a utilizar “PCR”, que siempre había existido en realidad, pero nosotros lo conocimos en ese contexto. También hay otras unidades lúdicas como “coronabono”, “zoompleaños”, “covidiotas”, y así», ejemplificó.
Observar el presente a través de las palabras
Desde 2003, la Universidad de Concepción participa en la Red de Antenas Neológicas, coordinada por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. A través, de NeoUdeC investigadores y estudiantes analizan de manera sistemática las nuevas palabras que aparecen en prensa y, más recientemente, en otros espacios de comunicación.
El equipo revisa publicaciones periódicas, identifica posibles neologismos y los contrasta con diccionarios especializados para determinar si son efectivamente unidades nuevas. Gracias a este trabajo, NeoUdeC aporta alrededor de mil registros anuales a una base de datos internacional que documenta la evolución del español.
De acuerdo a las observaciones acumuladas en más de dos décadas, existe una tendencia clara a la utilización de los préstamos del inglés.
«Es lo que se está usando, y la gente quiere saber qué significan porque muchas veces no saben el significado de estas palabras. A NeoUdeC le agradecen justamente por explicar eso que estaban escuchando y que no sabían a qué se refería», expreso.
Sin embargo, más allá de la influencia del inglés, para la investigadora la principal conclusión es que el lenguaje funciona como un espejo de las transformaciones sociales.
«La innovación léxica refleja los cambios que se van produciendo en la sociedad. Cuando se produce ese cambio social, la lengua reacciona rápidamente. Está viva y atenta a denominar las nuevas realidades que aparecen», sostuvo.







