En Chile, miles de estudiantes asisten diariamente a salas de clases construidas hace más de medio siglo, sin criterios de eficiencia energética ni condiciones adecuadas de ventilación, iluminación o confort térmico. En un escenario marcado por el cambio climático, olas de calor y episodios de contaminación, se vuelve urgente adaptar estos espacios sin esperar décadas a la construcción de nueva infraestructura.
Esa es la premisa que impulsa Classroom Retrofit, un proyecto liderado por la académica de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción, Andrea Martínez Arias, cuyos avances fueron presentados en la conferencia IAQVEC 2026, una de las más prestigiosas mundialmente en torno a la calidad ambiental y eficiencia energética de espacios construidos.
El encuentro se realizó entre el 18 y el 22 de mayo de 2026 en la University of Southern California, en la ciudad de Los Ángeles, uno de los polos académicos y de investigación más relevantes en materia de ciencias de la edificación, innovación tecnológica y desarrollo sustentable en el entorno construido.
“El proyecto nace de una pregunta urgente y profundamente contingente: ¿cómo adaptar la infraestructura escolar existente para proteger la salud, el aprendizaje y el bienestar de niñas y niños frente a un clima cambiante, sin esperar décadas a la construcción de nuevos establecimientos?, planteó Martínez.
Una solución concreta desde Chile
Junto a la estudiante del Magíster en Ciencia de Datos para la Innovación de la UdeC, lMaría José Peña Saavedra, la académica expuso la ponencia titulada “Prototyping eco-insulated panels for facade retrofits in public schools in Chile”, centrada en el desarrollo de paneles eco-aislantes para el reacondicionamiento de fachadas en escuelas públicas. Esta experiencia es resultante del trabajo de los estudiantes de pregrado, Isaías Navarrete Yáñez y Daniel Canto Segura; de posgrado Marco Morales Marchant; y de arquitecta Valentina González Bernal.

En conjunto se desarrolló el diseño, ejecución y monitoreo de componentes prefabricados para el mejoramiento térmico de los muros y elementos metálicos de una de las aulas en estudio.
Esta iniciativa es impulsada a través del proyecto FONDECYT Classroom Retrofit (11240683), que considera mejorar la eficiencia energética y la calidad ambiental interior de las aulas —incluyendo ventilación, acústica, iluminación y confort térmico—mediante soluciones pasivas y activas de bajo costo, replicables en distintos territorios del país.
La académica comentó que “a través de investigación aplicada, trabajo interdisciplinario y colaboración con comunidades educativas, el proyecto demuestra que es posible transformar salas de clases antiguas en espacios más saludables, eficientes y confortables, mediante soluciones simples, menos contaminantes, de bajo costo y replicables”.
Agregó que “lejos de intervenciones complejas o inaccesibles, la investigación pone el foco en estrategias de retrofit pasivo y activo, que mejoran la calidad ambiental interior y reducen el consumo energético, generando beneficios reales y medibles para las comunidades escolares”.
Salud, aprendizaje y condiciones invisibles
Lejos de ser un problema exclusivamente técnico, las condiciones ambientales en las salas de clases inciden directamente en la salud, el aprendizaje y las oportunidades educativas de niñas y niños.
Factores como la mala ventilación, las temperaturas extremas o la iluminación deficiente no solo afectan el bienestar, sino que también se traducen en menor rendimiento académico, mayor ausentismo y un aumento de problemas respiratorios, configurando una desventaja estructural para quienes habitan estos espacios.
En esa línea, la investigadora María José Peña advierte que las condiciones en que se desarrollan los procesos educativos son determinantes en la experiencia de aprendizaje.
“Una de las tesis del proyecto es que la infraestructura influye directamente en el confort de los alumnos y en su experiencia de bienestar. Entonces, pudiendo demostrar esto con evidencia, con números y con un monitoreo real, es posible evidenciar que hay estudiantes que ya están en desventaja por el hecho de no estar aprendiendo en condiciones óptimas”.
A su vez, Andrea Martínez sitúa estos hallazgos en el marco de la discusión internacional sobre calidad ambiental y cambio climático, donde uno de los ejes centrales de la conferencia es el bienestar interior. “Nuestra ponencia abordó en específico el confort térmico y es relevante porque permite avanzar en investigación con datos empíricos, tomados en terreno, que permiten verificar los estudios realizados en ambientes simulados desarrollado previamente en la investigación. Esto es relevante por cuanto se robustece con datos la toma de decisiones de las administraciones de la infraestructura escolar”.
Desde esta perspectiva, la generación de evidencia científica adquiere un rol clave no solo para comprender el problema, sino también para visibilizar una forma de inequidad en educación muchas veces normalizada. “Por ello, es muy importante generar este tipo de evidencia, demostrable y con metodología científica detrás”, enfatiza Peña.
Cambio climático y equidad: una doble urgencia
El proyecto Classroom Retrofit cobra especial relevancia en el contexto actual, donde el aumento de temperaturas extremas, la contaminación atmosférica y los eventos climáticos intensos afectan con mayor fuerza a comunidades vulnerables.
En Chile, gran parte de las escuelas públicas fueron construidas entre las décadas de 1960 y 1980, previo a estándares de eficiencia energética y normativas que aseguren condiciones adecuadas de calidad ambiental interior, lo que profundiza brechas de desigualdad. “Esta situación es representativa de una parte significativa de la infraestructura educativa chilena, donde la mayoría de las escuelas corresponde a edificaciones antiguas que no responden a las exigencias contemporáneas de bienestar, salud y eficiencia energética”.

En este escenario, Andrea Martínez subraya que, si bien en el país se han implementado diversas iniciativas de mejoramiento térmico en establecimientos educacionales —principalmente mediante sistemas de aislación exterior como el EIFS (Exterior Insulation and Finish System) que han significado un gran avance—, aún existe un déficit relevante en la generación de evidencia sobre su impacto real.
“Se han hecho múltiples intervenciones en escuelas públicas, pero en muy pocos casos se ha realizado un seguimiento con datos antes y/o después de estas mejoras”, indicó la académica. Agregó que “nuestra propuesta busca justamente aportar en esa línea, generando evidencia empírica que permita evaluar el desempeño de una solución de mejoramiento en condiciones reales, diseñada en forma modular y prefabricada con materiales regionales de menor huella de carbono, como la madera y la aislación en base a raíces”.
En esa línea, destacó que “asimismo, mostramos el gran trabajo que se ha desarrollado con las comunidades educativas y los sostenedores de los establecimientos”.
La investigadora explica que, a diferencia de las estrategias tradicionales, el proyecto opta por una solución de aislación interior utilizando materiales orgánicos, lo que permite resguardar el sistema de las condiciones climáticas externas y asegurar su durabilidad.
Al respecto, comenta que “si bien la aislación exterior tiene ventajas, como no interrumpir el funcionamiento de las salas de clases y no disminuir la superficie interior útil, en este caso optamos por intervenir desde el interior para proteger el material y garantizar su desempeño en el tiempo. Esto ha permitido también cambiar la percepción interior del espacio, al incorporar madera”.
Chile en el debate global
La participación en IAQVEC 2026 —uno de los principales encuentros internacionales sobre calidad del aire interior y eficiencia energética en edificaciones— permitió posicionar esta investigación en el debate global sobre el futuro del entorno construido.
Bajo el lema “Envisioning the Future: Innovations in Research and Technology for a Better Reality in the Built Environment”, la conferencia reunió a especialistas de todo el mundo que trabajan en soluciones frente a los desafíos climáticos.
En ese contexto, María José Peña relevó el valor de situar esta discusión en la vida cotidiana de las comunidades educativas: “La adaptación al cambio climático también ocurre en los espacios cotidianos, como las salas de clases. Y hacerlo a tiempo puede marcar una diferencia concreta en la salud, el aprendizaje y la calidad de vida de las comunidades”.
El objetivo de la presentación en IAQVEC 2026, se centró en presentar los resultados, pero también en promover la generación de redes para la colaboración internacional en ámbitos de transferencia tecnológica y demostrar que es posible avanzar hacia espacios educativos más saludables, eficientes y resilientes, incluso en contextos de recursos limitados.







