En el contexto de los incendios que afectaron a 17 localidades de la región del Biobío, la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Geografía de la Universidad de Concepción, FAUG UdeC, asumió un rol activo en los procesos de reconstrucción, articulando su quehacer académico con las necesidades reales del territorio. En esa línea, y como parte de un compromiso institucional, se integró al trabajo de la comisión de reconstrucción conformada junto a la Universidad del Biobío, generando un puente entre la formación de pregrado y los desafíos urgentes del entorno.
Tal como explica el Director del Departamento de Urbanismo, Mauro Fontana, esta articulación se concretó a través de los talleres del segundo ciclo formativo —desde Proyecto 3 a Proyecto 6—, donde los y las estudiantes abordaron problemáticas directamente vinculadas a los territorios afectados. De este modo, la docencia dejó de ser un ejercicio abstracto para transformarse en una instancia situada, orientada a aportar ideas concretas que faciliten procesos de reconstrucción más integrales y sostenibles. En particular, el Taller de Proyecto 3 centró su trabajo en la población Gabriela Mistral, uno de los sectores impactados por la emergencia, abordando el vínculo entre barrio, espacio público y arquitectura como eje estructurante de la intervención.

Este enfoque no solo implicó proyectar soluciones físicas, sino también incorporar una reflexión más profunda sobre el concepto de resiliencia comunitaria y el rol de la arquitectura en escenarios postdesastre. En ese contexto, se invitó a especialistas de distintas disciplinas para enriquecer el proceso formativo. Por un lado, la psicóloga Dra. Loreto Andrea Villagrán Valenzuela, de la facultad de Ciencias Sociales de la UdeC, aportó desde el ámbito social, abordando el trauma colectivo y los procesos de recomposición comunitaria; por otro, el arquitecto Fernando Ferreiro compartió su experiencia de más de 15 años en contextos internacionales de alta vulnerabilidad, particularmente en territorios africanos afectados por desastres socioambientales.
Desde la perspectiva de Villagrán, la reconstrucción no puede limitarse a la reposición de viviendas o infraestructura, ya que existe una dimensión invisible que resulta fundamental: el impacto social del desastre. En efecto, los incendios no solo destruyen espacios físicos, sino también redes de apoyo, vínculos comunitarios y sentidos de pertenencia que sostienen la vida cotidiana. En ese sentido, la resiliencia comunitaria debe entenderse como un proceso complejo que implica reconstruir confianzas, rearticular la vida en común y generar nuevas formas de organización frente a la adversidad.
La reflexión propuesta a los estudiantes FAUG UdeC tras los incendios apunta precisamente a identificar los espacios donde se construye comunidad, reconocer dónde se concentra el apoyo mutuo y proyectar qué áreas pueden ser potenciadas o recuperadas, evidenciando que la reconstrucción también es un ejercicio colectivo de lectura del territorio.
Por su parte, Fernando Ferreiro aportó una mirada complementaria desde la práctica profesional en contextos internacionales, destacando la importancia de trabajar desde las particularidades culturales, sociales y territoriales de cada comunidad. Su experiencia en Mozambique, donde llegó inicialmente como estudiante y permaneció desarrollando proyectos vinculados a agencias como UNICEF, ONU-Hábitat y PNUD, da cuenta de la relevancia de procesos largos, basados en la escucha activa y la co-construcción de soluciones. En ese sentido, subrayó que antes de implementar políticas o normativas, es clave desarrollar proyectos piloto que permitan comprender las dinámicas locales, las percepciones de riesgo y las formas en que las comunidades habitan y significan su entorno.

Al trasladar estas reflexiones al contexto chileno, particularmente a los incendios de interfaz urbano-rural, Ferreiro enfatiza que el riesgo no puede entenderse únicamente como un fenómeno natural, sino como el resultado de una construcción social. Es decir, no basta con observar el fuego o la proximidad de las viviendas a zonas forestales, sino que es necesario analizar las razones estructurales que explican esa configuración: desde las dinámicas del mercado de suelo hasta las normativas urbanas y las condiciones socioeconómicas que empujan a ciertos grupos a habitar zonas de riesgo. En consecuencia, abordar estos desastres requiere una mirada integral, casi “detectivesca”, que permita desentrañar las múltiples capas que configuran la vulnerabilidad.
En este escenario, la academia emerge como un actor clave, no solo en la generación de conocimiento, sino también en la articulación de soluciones concretas que integren distintas disciplinas. Arquitectura, urbanismo y geografía, en conjunto, tienen la capacidad de ofrecer nuevas perspectivas para enfrentar estos desafíos, contribuyendo a procesos de reconstrucción que no solo repongan lo perdido, sino que proyecten territorios más resilientes, equitativos y sostenibles. Así, la experiencia impulsada por la FAUG UdeC no solo responde a una emergencia puntual debido a los incendios, sino que instala una forma de trabajo que vincula formación, investigación y compromiso territorial como pilares fundamentales para el futuro.







