La noticia surgió alrededor de 2005, cuando un geofísico de la NASA, Benjamin Fong, propuso la represa como un ejemplo teórico para explicar cómo la redistribución de masa en un cuerpo que rota podría afectar su velocidad y eje de rotación de la Tierra. Estimó un cambio mínimo de 0,06 microsegundos en la duración del día, pero este fue solo un cálculo, no una medición real. No hay evidencia experimental o registro de que la represa haya causado un cambio perceptible.
Pese a ello, y a pesar del tiempo transcurrido desde este ejercicio teórico, todavía se difunde la noticia de que la construcción de la represa de las Tres Gargantas provocó un desplazamiento en el eje de rotación de la tierra.
“Esto no se ha comprobado, no se ha hecho una medida para comprobar si eso es cierto. Solo existe un ejemplo calculado por este investigador”, explicó el científico del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA), Paúl Calderón, quien al igual que otros investigadores de Astronomía de la UdeC, se han dedicado a aclarar mitos y fenómenos astronómicos que se viralizan en redes sociales.
Consultado acerca de cómo es posible realizar este supuesto teórico, el astrónomo dijo que se deben realizar observaciones astronómicas que determinen con respecto a un objeto de referencia cuánto le lleva a la Tierra rotar en un día y luego comparar este resultado con un reloj atómico.
“Así pueden detectar si hay un desfase, si la Tierra se retrasó o adelantó unos milisegundos en su rotación. Esa es la manera de detectarlo, pero hasta ahora no se ha detectado que la represa haya hecho ese cambio, o sea, no hay evidencia experimental que lo compruebe”, afirmó.
¿Qué efectos tendría un cambio en el eje de rotación de la tierra?
El eje de rotación de la tierra tiene variaciones constantes debido a fenómenos naturales. Sin embargo, estos cambios no son tan relevantes como para afectar nuestras rutinas y estilos de vida, explicó Calederón.
“Una variación de 2 centímetros en el eje de la Tierra o un alargamiento de 0.06 microsegundos en el día no son significativos y no tienen un efecto perceptible en la vida cotidiana ni en el clima. Los seres humanos no pueden detectar estas variaciones sin el uso de instrumentos de alta precisión, como los relojes atómicos”.
En efecto, explicó que la Tierra sufre constantemente cambios en su rotación debido a la posición de la luna, terremotos o el derretimiento de los casquetes polares, que modificación, por mencionar algunos.
“Para que haya un cambio significativo en el clima o en la vida diaria, deben ser cambios muy abruptos, de varios grados, no sólo de centímetros”, precisó.
Sin embargo, “en el caso hipotético de que el desplazamiento fuera muy grande, se registrarían alteraciones principalmente en el clima, ya que las estaciones están causadas por la inclinación del eje de la Tierra, que es de 23,4º. A medida que la Tierra se desplaza alrededor del Sol, algunas zonas del planeta son iluminadas más directamente que otras debido a este eje de inclinación”.
“Si modificamos este eje de inclinación, entonces esas zonas que tenían un ciclo regular de exposición a la luz solar y que generaba las estaciones, ya no tendrían la misma duración. Tal vez algunas zonas del planeta que experimentaban inviernos o veranos ya no lo experimenten. Recordemos que no todo el planeta experimenta los ciclos estacionales, sino que cualquier territorio que esté dentro de las zonas tropicales no experimentan estaciones”, agregó.
Eso sí, el investigador del CATA reiteró de que se trata de supuestos teóricos, ya que a la fecha no existen registros de algún cambio en el eje de rotación de la Tierra tan grande como para ocasionar los escenarios descritos.