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ONU Mujeres indica que, en 53 países con datos disponibles, las mujeres y las niñas dedican 250 millones de horas diarias a la recolección de agua, más del triple que los hombres y los niños.
La Organización Mundial de la Salud indica que, a nivel mundial, el agua potable, el saneamiento deficiente y la falta de higiene son responsables de la muerte de alrededor de 1.000 niños menores de cinco años cada día. En ese sentido, 1.800 millones de personas aún no tienen acceso a agua potable en sus hogares, y en dos de cada tres hogares, las mujeres son las principales responsables de la recolección de agua, lo que refleja una profunda desigualdad estructural en torno a este recurso esencial.
Entendiendo esta realidad, es que la ONU ha definido como tema del Día Mundial del Agua 2026 “Donde fluye el agua, crece la igualdad”, enfocado en la relación entre el acceso al agua, el saneamiento y la igualdad de género. Este enfoque releva que el acceso directo y seguro al agua potable no solo mejora las condiciones sanitarias, sino que también reduce brechas sociales, empodera a mujeres y niñas, y fortalece la economía local al liberar tiempo y oportunidades para su desarrollo personal y laboral.
Más aún, ONU Mujeres indica que, en 53 países con datos disponibles, las mujeres y las niñas dedican 250 millones de horas diarias a la recolección de agua, más del triple que los hombres y los niños. Esta situación limita su acceso a la educación, afecta su salud física y mental, y restringe sus oportunidades económicas, reforzando ciclos de pobreza y excluyéndolas de espacios de toma de decisiones en la gestión hídrica.
Particularmente en Chile, existe una importante brecha entre las zonas urbanas y rurales. Cerca de un millón de personas en zonas rurales dependen de fuentes informales o del suministro mediante camiones aljibe, y un 47,2% de esta población carece de acceso a agua potable de red. Esta realidad evidencia que el problema no es solo de disponibilidad, sino también de distribución, infraestructura y gobernanza del recurso.
Los efectos del cambio climático y la escasez hídrica afectan con mayor intensidad a las mujeres, especialmente en contextos rurales e indígenas. Ellas dependen directamente de estos recursos para las tareas del hogar, el cuidado familiar y la agricultura de subsistencia, lo que exacerba su vulnerabilidad. A pesar de ser las principales usuarias y gestoras del agua en sus comunidades, continúan estando subrepresentadas en los espacios de toma de decisiones, ocupando menos de la mitad de los cargos en instituciones vinculadas al sector hídrico.
“Donde fluye el agua, crece la igualdad” no es solo un lema, sino una invitación a repensar la forma en que gestionamos este recurso vital. Pone el foco en la necesidad de garantizar agua en cantidad y calidad, bajo una gestión sustentable que permita a todas las personas acceder a una vida digna y saludable. Esto requiere, de manera urgente, integrar una perspectiva de género en las políticas públicas, fortalecer la participación de las mujeres en la gobernanza del agua y avanzar hacia soluciones que reduzcan las brechas territoriales y sociales.
Solo así será posible construir sociedades más justas, donde el acceso al agua no sea un privilegio, sino un derecho garantizado, y donde su distribución contribuya efectivamente a la igualdad.
Columnista
Dra. Gladys Vidal Sáez
Directora del del Centro de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería (CRHIAM)
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