Ante el debate sobre las cifras más recientes de analfabetismo en Chile, académicas de la Universidad de Concepción advirtieron que el desafío actual no solamente pasa por los aspectos básicos de la lectura y escritura, sino también por el desarrollo de habilidades de comprensión y uso crítico de la información en distintos contextos.
Una publicación de El Mercurio realizada el domingo 8 de marzo, citando proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) a partir del Censo 2024, estimó que 405.718 personas en el país no saben leer ni escribir. De esta cifra, 80.9946 corresponderían a niñas y niños entre los 7 y los 14 años.
Si bien el acceso a la alfabetización básica ha mejorado de manera sostenida en el territorio nacional, a juicio de especialistas UdeC el problema no se agotaría en saber descifrar palabras.
La académica del Departamento de Currículum e Instrucción de la Facultad de Educación, Dra. Angie Neira Martínez, explicó que existe una diferencia sustantiva entre aprender a leer y escribir y desarrollar una competencia comunicativa plena.
«Específicamente en el caso de la lectura, la diferencia está entre aprender la correspondencia entre los sonidos del habla (fonemas) y las letras (grafemas), que implica decodificar palabras a nivel superficial; y comprender ideas, conceptos y relacionarlos con la situación de comunicación en la que se formulan», afirmó.
De acuerdo a la Doctora en Lingüística, uno de los principales obstáculos en el aprendizaje lector queda detenido en las etapas iniciales de comprensión.
«Nuestros niños y niñas se quedan en un nivel superficial de comprensión, y no avanzan hacia la identificación de ideas principales, la construcción del significado global del texto y su puesta en contexto», lamentó.
En este marco, la Dra. Angie Neira afirma que en la competencia comunicativa escrita, más allá de entender significados aislados de palabras o frases, su desarrollo se advierte «en la integración de dichos significados en ideas globales, las que, a su vez, ponemos en un contexto, considerando cuándo, dónde y quién lo escribió».
«La competencia comunicativa exige conciencia de para qué se lee y para qué se escribe, de que todo texto se produce y se lee en un contexto, de que lectura y escritura son prácticas sociales», agregó.
Desafíos en la era digital
A los desafíos tradicionales de la alfabetización se suman ahora las exigencias que imponen los entornos digitales.
La académica del Departamento de Español de la Facultad de Humanidades y Arte, Dra. Pamela Ramírez Peña, sostuvo que las nuevas formas de rezago en el uso de la información deben ser consideradas en el concepto de analfabetismo.
«Hoy en día, es importante considerar dos tipos de analfabetismo: uno, corresponde a la incapacidad de decodificar o escribir palabras; y, el segundo, corresponde al analfabetismo funcional, es decir, a la dificultad para «usar» los textos para propósitos específicos. En el contexto educativo actual, también implica no poder buscar, evaluar, integrar y usar críticamente información, especialmente en entornos digitales», dijo.
Bajo esta perspectiva, alguien que aprendió a leer y escribir podría presentar dificultades para desenvolverse en contextos donde se requiere ponderar varias fuentes o discriminar información.
«Una persona puede estar “alfabetizada” en el sentido tradicional y, sin embargo, presentar formas de rezago funcional o digital si no logra discriminar fuentes confiables, relacionar información de textos múltiples o leer críticamente en internet», ejemplificó.
Las investigaciones en el área apuntan a que la comprensión lectora sigue siendo un desafío en el sistema educativo.
«Las investigaciones evidencian que no es una materia resuelta. La comprensión lectora es una habilidad compleja y multifactorial, determinada por factores cognitivos, socioemocionales y contextuales», explicó.
En la enseñanza básica, dijo la Dra. Pamela Ramírez, continúan surgiendo dificultades en habilidades como el reconocimiento de sonidos del lenguaje (conciencia fonológica), decodificación de palabras y lectura fluida, junto con comprender lo que se lee.
«En enseñanza media», añadió, «sumado a la persistencia de dificultades lectoras básicas, se suman factores emocionales (motivación y compromiso lector). Ya no se trata solo de leer, sino de comprender textos más complejos y de conectar esa lectura con los intereses reales de los estudiantes».
Brechas sociales y formación temprana
El desarrollo de las habilidades lectoras también está vinculado al entorno familiar y social, según plantea la Dra. Angie Neira, donde la exposición temprana a la lectura es uno de los principales factores que explican las diferencias en el desempeño lector entre estudiantes.
«Uno de los principales predictores del desempeño lector es la exposición en la primera infancia a la lectura, esto es, que sus padres y cuidadores les lean; que tengan acceso a libros y otros materiales de lectura, como revistas o diarios; que vean a sus padres, cuidadores u otros adultos significativos leer», comentó.
Sin embargo, advirtió que este tipo de experiencias suelen estar sujetas a la situación socioeconómica:
«Esto ocurre en mayor medida en contextos socioeconómicos medios y altos, por lo que en contextos bajos o medios-bajos niños y niñas, muchas veces, comienzan el proceso lectoescritor con una desventaja».
La promoción de la lectura, de acuerdo a la académica, debe impulsarse más allá del mero ámbito escolar.
«Es necesario incluir a la población en general en dicha promoción, puesto que la población escolar requiere de un contexto lector para desarrollarse. Que se favorezca el acceso a materiales de lectura, que se realicen talleres en las escuelas para apoderados, que se aumenten actividades que generen conciencia acerca de la importancia de la lectura y la escritura en la sociedad», dijo.
La Dra. Pamela Ramírez, por otro lado, subrayó que la evidencia muestra buenos resultados cuando se enseña explícitamente cómo leer y analizar la información.
«A través del modelamiento de la lectura, el docente guía cada etapa del proceso, promoviendo el desarrollo de estrategias metacognitivas durante la lectura. En lectura digital, han mostrado buenos resultados intervenciones centradas en la corroboración de información y análisis de fuentes, promoviendo la revisión de fuentes en paralelo para contrastar o comparar información», expresó.







