En el marco de megaincendios registrados en las últimas semanas en la zona central de Chile y con una amplia experiencia en operaciones y combate del fuego, incluidas pasantías de contra estación en Portugal desde 2006, el académico de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción, Francisco Aruta Madsen, es enfático cuando habla de la urgencia de hacer prevención e investigación para reducir la ocurrencia de incendios forestales.
“Todos los años se registran entre 5 mil y 6 mil incendios forestales. Una sola empresa puede enfrentar más de mil focos en una temporada”, señaló Aruta.
El especialista no solo llama la atención sobre la cifra, sino también sobre el hecho de que esos números se han mantenido prácticamente iguales en las últimas tres décadas.
Por eso sostiene que se debe fortalecer la investigación sobre estos siniestros, más aún cuando se conoce que entre un 40 a 50% de los eventos son provocados deliberadamente y que son pocos los que llegan a la identificación de culpables.
Anticipación y prevención de incendios forestales
Conociendo las causas, incluida las razones subyacentes de la intencionalidad, es posible hacer prevención, dijo el académico, quien apunta a la importancia de la anticipación, “una capacidad espectacular” que -en su opinión- debiera estar más presente, sobre todo considerando los recursos de que se dispone en la actualidad.
“Cuando empecé a trabajar en incendios forestales, con suerte sabíamos lo que iba a pasar mañana. Teníamos que ver los pronósticos del día siguiente por la TV. Hoy existe tecnología para saber lo que va a pasar con 10 ó 15 días de anticipación: pronósticos meteorológicos, cartas sinópticas, simuladores”, comentó.
En esa perspectiva, las interrogantes cambian. “Yo no preguntaría a un funcionario o administrador de los recursos públicos dónde estuvo durante el incendio, le preguntaría ‘qué hizo usted 15 días antes cuando se sabía que esto iba a pasar’”.
Riesgo latente
Ya han pasado una semana del inicio emergencia y el académico insiste en la importancia de adelantarse a lo que puede suceder y tomar conciencia de la magnitud del riesgo y su prevención.
“Si sacáramos una fotografía a ciudades que no han tenido incendios, vamos a ver que la interfaz urbano-forestal está totalmente mezclada con el bosque, es un continuo, y no hay cortafuegos; hay sectores que son verdaderas bombas de tiempo”, advirtió.

En todo caso, Aruta afirmó que desde la academia se ha insistido en que, si bien los cortafuegos son necesarios, no impiden por sí solos el paso del fuego.
Además, en algunos casos, genera una sensación de seguridad que no es tal. “Las personas piensan que están protegidas y hacen asados (en momentos de riesgo)”, comentó.
Pero también ocurre que zonas que se han despejado son ocupadas entre temporadas por personas que instalan casas, canchas de fútbol, bodegas o las usan como vertederos que, más tarde, aportan más combustible al fuego.
El tema es importante no solo para las ciudades sino también para los ecosistemas, indicó. “Chile tiene cerca de 18 millones de hectáreas de bosque, de las cuales solo tres millones corresponden a plantaciones. El principal propietario es el Estado y ningún parque nacional cuenta con cortafuegos”, puntualizó.
Costos y responsabilidades
Hablar de prevención implica hablar de responsabilidades y de costos, uno de los puntos que están en el centro de la discusión de la nueva Ley de Incendios Forestales, que había permanecido por dos años frenada en la Comisión de Hacienda en el Senado hasta la semana pasada.

La normativa, en este caso, apunta a que son los propietarios quienes deben mantener y costear sus propios cortafuegos; pero muchos -según el investigador- no tienen la capacidad o los recursos para hacerlo. El riesgo, agregó, es que el Estado o los municipios ejecuten las obras y luego traspasen el costo a los propietarios, lo que genera un fuerte rechazo.
Pero lo más importante, a su juicio, es que la ley no aborda la causalidad. “Si no atacamos las causas, no vamos a reducir la ocurrencia”, insiste.
Educación y cultura
Para el ingeniero forestal, el problema en prevención de incendios forestales es más profundo, ya que tiene una raíz cultural. “¿Por qué suceden los incendios? Porque falla la prevención. ¿Y por qué falla la prevención? Porque falla la educación”.
Entonces, para él, hay que educar en los colegios, en la población, para que los niños, las personas no hagan incendios, para que protejan los bosques y los ecosistemas, dijo.
“Hay países que casi no tienen incendios forestales y otros que tienen muchísimos. La diferencia la hace la cultura”, anotó. Por ello, enfatizó en la necesidad de hacer educación en todos los niveles: escuelas, liceos, universidades y espacios comunitarios.
La realidad en Chile está aún apegada a un enfoque reactivo, donde el acento está puesto en la respuesta a los incendios -afirmó Aruta- y no existe una solución única. “Las respuestas están todas interrelacionadas. No pensemos que vamos a encontrar una sola solución a la situación actual”.
A juicio del académico, el país ha mostrado un avance en los últimos años, con un enfoque más colaborativo, con esfuerzos coordinados entre Conaf, Senapred, bomberos, Fuerzas Armadas, municipalidades y el sector privado; pero insiste en que el primer paso para combatir el fuego es prevención y la anticipación.







