Proponemos un liderazgo que vuelva a alinear sus prioridades con las de su comunida
Crédito: Equipo de campaña Dra. Jacqueline Sepúlveda
Durante seis meses recorrimos la Universidad de Concepción completa. Conversamos en los tres campus, entramos a departamentos, escuchamos a académicos, funcionarios, estudiantes y directivos, y fuimos recogiendo algo que hoy ya no admite duda: nuestra comunidad conoce cuáles deben ser las prioridades institucionales y el tipo de liderazgo que necesita para volver a proyectarse con fuerza.
Este ejercicio territorial no fue simbólico ni decorativo. Sirvió para construir un Programa a la Rectoría real, transversal y profundamente universitario. Pero, por sobre todo, sirvió para reafirmar la idea de que en la Universidad de Concepción las prioridades de sus liderazgos deben volver a estar plenamente alineadas con su comunidad. Porque la universidad es nuestra, y el deber de las autoridades es llevar a nuestra institución hacia donde nuestra comunidad nos pide llegar.
Eso es, precisamente, lo que transmitimos cuando elegimos a alguien. No elegimos solo un nombre. Elegimos una mirada. Elegimos una forma de comprender la universidad, de conducirla y de ordenar sus urgencias. Y hoy, las y los académicos tienen la oportunidad de reponer un liderazgo que vuelva a llevar a la Universidad de Concepción hacia donde su propia comunidad quiere ir: una universidad de excelencia que exceda lo normativo, que nos permita volver a ser competitivos a nivel internacional.
Porque ustedes lo dijeron claro en nuestras reuniones: necesitamos retomar un norte académico. También aparece, con enorme fuerza, el problema de la infraestructura crítica: falta de salas, espacios deteriorados, condiciones materiales insuficientes para desarrollar bien la docencia, la investigación y la vida universitaria cotidiana.
A eso se suma una molestia con la altamente extendida burocracia, que muchas veces frena la carrera académica, despersonaliza procesos y hace perder tiempo valioso en trámites, sistemas y exigencias mal diseñadas. La comunidad no está pidiendo más “jefaturas”, está pidiendo una gestión más simple, más inteligente y más útil para todos nosotros y nuestro trabajo.
Pero quizás uno de los puntos más sensibles del diagnóstico tiene que ver con las condiciones laborales. No se puede aspirar seriamente a ser una universidad de excelencia si, en términos reales, las remuneraciones han ido cayendo. No se puede hablar de atracción y retención de talento si la universidad ofrece condiciones cada vez menos competitivas. No se puede cuidar el futuro institucional si se debilitan los beneficios y se deteriora nuestro clima laboral. Y no se puede ignorar la preocupación por la inestabilidad, por la desprotección y por los ambientes donde también aparece la violencia como experiencia que erosiona la convivencia y el compromiso.
Desde Chillán y Los Ángeles se reitera una crítica que no puede seguir postergándose: el centralismo desde Concepción y la necesidad de avanzar en una descentralización real de las decisiones.
Nada de esto es anecdótico. Todo esto configura un mandato. Un mandato que nos dice que la comunidad universitaria quiere un liderazgo que escuche, ordene, cuide y decida con claridad. Una conducción capaz de alinear gestión y proyecto académico, excelencia y bienestar, modernización y sentido institucional. Una gestión universitaria, académica, independiente.
Porque la excelencia se construye cuidando a quienes hacen posible la universidad, devolviéndole rumbo a su misión y poniéndola, otra vez, en sintonía con la voluntad de su propia comunidad.
Vamos, juntos y juntas, por #UnaMejorUniversidad.
Columnista
Dra. Jacqueline Sepúlveda
Elecciones Rectoría UdeC 2026-2030
- Compartir
- Compartir
Noticias relacionadas
Reportajes







