Un equipo científico internacional, del que es parte el investigador de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción y Director del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), Dr. Aníbal Pauchard Cortés, ha propuesto una nueva mirada al modelo de desarrollo sustentable, a partir de una revisión crítica de las relaciones entre la naturaleza, la economía y la sociedad.
El estudio, basado en una serie de informes de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (Ipbes), fue dada a conocer a inicios de año en el artículo A reset of systems for sustainable development, publicado en Nature Commmunication Sustainability.
Así como ocurre con un sistema operativo que no funciona, el título del artículo alude a la necesidad de reiniciar el modelo actual de desarrollo sustentable, que al descansar en pilares aislados no es capaz de responder a la crisis climática, de biodiversidad y desigualdad que vive el mundo.
El Dr. Aníbal Pauchard explica que a través del tiempo ha habido muchos enfoques sobre la sustentabilidad, siendo el más extendido el que supone que ésta aparece en una zona de intersección entre el desarrollo económico, ambiental y social.
“Pero esa visión no es completa porque, en general y lamentablemente, ha tenido un sesgo hacia el desarrollo económico como motor y luego se han hecho modificaciones para que sea ambiental y socialmente sustentable”, comentó.
La naturaleza en la base
En el nuevo paradigma, se pasa de los pilares a un sistema de capas integradas que parten desde la naturaleza. Sobre ella, en una relación de dependencia y sentido ascendente, se sitúan las economías de las que dependen, a su vez, las sociedades.
En un flujo descendente, los valores sociales y las formas de gobernanza determinan las formas que adopta la economía y cómo ésta afecta al medioambiente.
“Lo que planteamos es una visión distinta, que parte de la naturaleza como base, con la sociedad como objeto del bienestar y donde la economía es el factor que hace este diálogo entre sociedad y naturaleza”, explicó Pauchard.
Lo central de este trabajo es que reconoce que sin naturaleza no hay economía ni desarrollo social.
El académico aclaró que, si bien no se trata de una idea nueva, el estudio contribuye a “operacionalizarla en un sistema, más allá del discurso o la conceptualización”, pensando en encontrar maneras prácticas y herramientas concretas para hacerlo.

En ese sentido, el especialista destacó la inclusión en el artículo de la idea de un capital natural que debe mantenerse para que las futuras generaciones también pueden beneficiarse de él.
“El capital natural es susceptible al daño humano y si bien puede recuperarse y retomar ciertas características, hay un deterioro que tiene ciertos límites, que se denominan los límites planetarios, que en varios lugares se están sobrepasando”, agregó.
Repensar el progreso
Por eso importan las perspectivas de sustentabilidad, porque el daño a la naturaleza puede llegar a tal punto “que la vida, que nuestro modo social, como lo conocemos, no sea posible. Y no hay dinero que pueda comprar eso”.
Vinculado con este punto, el artículo plantea que los desafíos actuales en torno a la sustentabilidad no solo responden a las fallas del modelo sino a una crisis de valores en la relación con el medio ambiente, que también obliga a repensar la idea de progreso.
“Esta es una discusión superfuerte en economía. ¿Se trata solamente del Producto Interno Bruto o hay otras maneras de hablar de calidad de vida? El bienestar real puede ser mucho más importante que simplemente el valor económico. Es un debate social que debemos tener, no es algo que esté resuelto”, reflexionó.
Un aspecto relevante de la propuesta de los investigadores es la necesidad de incluir distintas visiones, como los saberes locales y de los pueblos originarios, en las discusiones sobre desarrollo y sustentabilidad.
“No hay una sola forma para llegar al desarrollo sustentable, pero tenemos que hacer más esfuerzos para que haya medidas concretas para lograrlo”, aseveró.
Algunos avances
Lo positivo, desde su punto de vista, es que ya hay varias ideas que se plantean para tener una medida del grado de deterioro de la naturaleza, como el concepto de capital natural o de las cuentas ambientales. “Incorporar esas visiones ya es bueno”, puntualizó.
Avanzar hacia la sustentabilidad es una gran meta que demanda los esfuerzos no solo del estado, sino de la sociedad en su conjunto y también del sector empresarial.
A nivel local y desde la experiencia que ha llevado a cabo el IEB con el sector productivo, el investigador rescata avances que se han generado desde las áreas de sustentabilidad de las empresas.
“Se está haciendo un esfuerzo importante por incluir, por ejemplo, la biodiversidad dentro de sus métricas de desempeño y eso es superpositivo porque de alguna forma están internalizando los beneficios y los potenciales perjuicios o impactos en la biodiversidad”, señaló.
“El sector empresarial está bien entusiasmado con esto y, de hecho, nosotros estamos trabajando con Sofofa, con varias empresas mineras y forestales respecto a cómo pueden mejorar sus prácticas hacia la biodiversidad”, finalizó.







