Una universidad como organismo vivo
Crédito: DirCom UdeC
Una universidad, como parte de la vida, puede cambiar su perspectiva para mejor. Si la pensamos como un organismo humano, la pregunta no sería solo cuáles son sus órganos ni qué exámenes se le aplican, sino cómo funciona realmente en su vida cotidiana.
Un cuerpo puede cumplir con todos los criterios clínicos y, aun así, estar exhausto. En este debate han surgido propuestas centradas en exámenes y protocolos: planificación estratégica, acreditación, aseguramiento de la calidad, cumplimiento de estándares. En la metáfora, consistiría en verificar que las pruebas estén bien realizadas, los informes estén completos y la historia clínica esté ordenada. Todo eso es importante; ningún organismo puede prescindir del autocuidado. Pero si el sistema nervioso vive sobrecargado y los músculos están permanentemente sobreexigidos, esos indicadores no garantizan la salud.
Otras miradas ponen el acento en el bienestar emocional, la convivencia y los valores compartidos. En términos corporales, consiste en atender el ánimo, el clima interno y el sentido de pertenencia. Esto también es esencial porque ningún organismo puede sostenerse solo en la técnica. Sin embargo, si la carga de trabajo no se ajusta, la coordinación entre órganos no mejora y las fricciones innecesarias persisten, el malestar reaparece incluso bajo discursos positivos.
Desde el conocimiento del funcionamiento del cuerpo, mi propuesta concibe a la universidad como un organismo que requiere equilibrio funcional. No se trata de descuidar los exámenes ni el bienestar, sino de abordar algo más básico: el flujo cotidiano de energía. ¿Dónde se pierde? ¿En qué procesos se produce fricción? ¿Qué formas de sobrecarga se han normalizado? En esta metáfora, devolver tiempo a los académicos es mejorar la circulación, liberar tensiones y permitir que cada órgano cumpla su función sin fatiga crónica. Reducir pasos administrativos, clarificar roles, profesionalizar el apoyo a proyectos y dar continuidad al trabajo en aulas y laboratorios no son meros ajustes técnicos: son intervenciones fisiológicas que fortalecen el funcionamiento global del sistema universitario.
Gestionar, en este sentido, es aliviar al sistema. Una universidad verdaderamente saludable, no solo acreditada, es aquella que permite a sus académicos vivir y desempeñarse con continuidad, propósito y energía. Como en el cuerpo humano, la salud real no se mide solo por exámenes aprobados, sino por la capacidad de sostener una vida académica plena, exigente y creativa a lo largo del tiempo. Ese es el modelo que propongo para la UdeC: un organismo equilibrado, donde cada parte importa y el todo funciona en armonía.
Columnista
Dr. Carlos von Plessing Rossel
Elecciones Rectoría UdeC 2026-2030
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