Más de 20 muertos y miles de hectáreas consumidas por el fuego es el saldo inicial de una serie de incendios registrados en las regiones de Ñuble y Biobío, cuya mayor gravedad, en esta última zona, estuvo concentrada en las localidades de Lirquén y Punta de Parra.
El docente de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Concepción, Dr. (c) Jorge Félez-Bernal, hizo un análisis de la situación basándose en la presencia de monocultivos en la zona siniestrada.
Según los datos proporcionados por el experto, Chile cuenta con aproximadamente 3,3 millones de hectáreas de monocultivo forestal, de las cuales casi un tercio —cerca de un millón de hectáreas— se concentran en Biobío. En esta región, el monocultivo ocupa el 40% de la superficie, lo que genera una continuidad horizontal de combustible que se extiende por cientos de miles de hectáreas.
“Esta situación es agravada por la naturaleza de las especies plantadas. Tanto el pino como el eucalipto son especies pirófitas, lo que significa que han evolucionado para adaptarse e incluso aprovechar el fuego para su propagación”, precisó el docente, ejemplificando que los pinos poseen piñas que explotan con el calor, expulsando semillas a varios metros de distancia para colonizar nuevos espacios con el fuego; mientras que los eucaliptos contienen compuestos inflamables en sus hojas y generan ‘pavesas’ (fragmentos de corteza) que pueden viajar kilómetros y crear nuevos focos de incendio.
Del incendio convencional a las «tormentas de fuego»
“La combinación de la continuidad del combustible, el estrés hídrico por el cambio climático y la falta de manejo forestal ha dado lugar a fenómenos que la ciencia ahora categoriza como ‘extreme wildfire events’ o tormentas de fuego”, precisó el también investigador colaborador del grupo GeoForest de la Universidad de Zaragoza.

Félez-Bernal destacó que la falta de manejo en la continuidad vertical —el espacio entre el suelo y las copas de los árboles— permite que el fuego escale rápidamente al dosel, volviéndose casi imposible de contener.
Eventos recientes demuestran esta ferocidad. “El incendio del sector Las Máquinas en 2017 quemó 160 mil hectáreas en solo 18 días, mientras que el de Santa Ana en 2023 recorrió hasta 80 kilómetros en apenas dos días. Durante febrero de 2023, en un lapso de cinco días, se quemó el 70% de la superficie total afectada en esa temporada”, recordó el especialista.
Más allá de los árboles
Félez-Bernal enfatizó en una distinción crítica: «el monocultivo no es un bosque, es una plantación industrial. A diferencia de las plantaciones homogéneas, los bosques nativos presentan una configuración heterogénea de especies y niveles de desarrollo, lo que actúa como una barrera natural que ralentiza la propagación del fuego y los hace más resilientes”, manifestó.
Claro que el problema no es netamente biológico. El crecimiento urbano descontrolado y el déficit habitacional han llevado a la urbanización en zonas de interfaz (donde el bosque se encuentra con la ciudad), aumentando la vulnerabilidad social.

“Además, la propiedad de la tierra está altamente concentrada: el 29% de la superficie del Biobío pertenece a solo dos grandes compañías forestales, lo que dificulta la fiscalización estatal, que no cuenta con los medios para abarcar toda el área”, puntualizó.
Medidas urgentes
Aunque la intencionalidad suele ser el foco del discurso público, la negligencia en el mantenimiento de líneas eléctricas es una causa mayor de ignición. “En la temporada 2023, el 30% de la superficie quemada estuvo asociada a fallas en líneas de baja tensión. Asimismo, quemas agroforestales autorizadas han terminado afectando reservas de alto valor ecológico, como ocurrió en Santa Bárbara en octubre de 2023”, recordó el docente de la Facultad de Ciencias Ambientales UdeC.
Para enfrentar esta realidad, Félez-Bernal propone trabajar en la identificación de zonas de interfaz e intermix, aplicando criterios de densidad de vegetación y edificaciones. “Si bien existen avances como la pauta de prescripciones técnicas de Conaf para crear fajas cortafuego, muchas herramientas legales, como la Ley de Incendios, permanecen frenadas en el proceso legislativo. Mientras el modelo forestal no cambie, los megaincendios seguirán siendo una amenaza recurrente para el país”, concluyó.







