Cuando la ciudad arde, la universidad cuida
Crédito: Equipo Campaña Dr. Carlos von Plessing Rossel
Hoy cambio el foco de los artículos en los que veníamos trabajando porque, cuando la ciudad arde, lo urgente deja de ser agenda y se vuelve cuidado.
Concepción y sus alrededores atraviesan horas duras debido a incendios forestales que han obligado a realizar evacuaciones y ya han destruido, de manera preliminar, del orden de 400 viviendas. El Estado de Catástrofe para Biobío y Ñuble reconoce la magnitud de la emergencia. Pero esto no es una noticia “de afuera”: es el humo que se cuela por la ventana, la ceniza en el aire, las rutas cortadas, el cansancio y la ansiedad de no saber si el viento cambiará otra vez. Y, sobre todo, son familias, muchas de ellas vecinas, colegas, estudiantes, funcionarias y funcionarios que hoy miran un terreno humeante donde ayer había una casa, una pyme, un taller, una vida armada con años de esfuerzo. En momentos así, la Universidad de Concepción no puede ser espectadora. La UdeC es parte del tejido del Biobío: su gente vive aquí, trabaja aquí, cría aquí. Cuando la ciudad sufre, la universidad también. Y precisamente por eso, la UdeC puede aportar de tres maneras muy concretas: comunidad, conocimiento y cuidado. Comunidad, primero: activar redes de apoyo para quienes lo perdieron todo o están evacuados; coordinar ayuda práctica (agua, alimentos no perecibles, útiles, medicamentos, alojamiento temporal) y hacerlo con respeto y organización, evitando el caos bienintencionado. Conocimiento, segundo: poner al servicio público nuestras capacidades para prevenir y responder al manejo de combustibles, planificación territorial, modelación del riesgo, salud ambiental, calidad del aire, impacto en suelos y cuencas, trabajando coordinadamente con autoridades y voluntariados. Cuidado, tercero: acompañar a nuestra propia gente, porque la emergencia también es emocional; habilitar espacios de contención, flexibilizar con criterio y mirar con humanidad a quien está con pérdidas, miedo o agotamiento. Esto también interpela nuestra forma de gobernarnos. No podemos seguir tratando la prevención como “tema sectorial”: la resiliencia debe entrar a la vida universitaria con planes de continuidad, cultura de seguridad, protocolos claros y una mirada territorial que conecte el campus y la ciudad. Hoy, más que declaraciones, importan gestos: preguntar “¿estás bien?”, reemplazar el juicio por ayuda, abrir la coordinación y canalizar la solidaridad hacia donde realmente se necesita. La UdeC tiene historia de responder en crisis; esta es otra de esas horas en que se mide lo que somos. Y aun en medio de la tristeza, quiero cerrar con una convicción: me llena de orgullo ver que el voluntariado, la organización y la ayuda están ocurriendo aquí y ahora. Cuando todo aprieta, dejamos de lado las diferencias y nos unimos en torno a una causa común. Esa unidad generosa, práctica, silenciosa y tenaz también es patrimonio del Biobío y de la UdeC. Si la ciudad arde, que nuestra presencia se note: cercana, útil y profundamente humana.
Columnista
Dr. Carlos von Plessing Rossel
Elecciones Rectoría UdeC 2026-2030
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