En un entorno dominado por la mensajería instantánea y las redes sociales, el uso de emojis se ha consolidado como una pieza fundamental de la interacción cotidiana. Con el objetivo de comprender el modo en que el cerebro procesa estos símbolos gráficos cuando reemplazan a las palabras dentro de una oración, una reciente investigación analizó los mecanismos de lectura digital en este tipo de formatos.
El trabajo fue desarrollado por la académica del Departamento de Español de la Universidad de Concepción e investigadora del Núcleo Milenio para las Ciencias del Aprendizaje (MiNSOL), Lucía Castillo Iglesias, y el doctorando en Psicología UdeC y académico de la Universidad Católica de la Santísima Concepción, David Muñoz Ballier.
El estudio, publicado en el Boletín de Filología, evaluó mediante un experimento de lectura autoadministrada el tiempo que tardan las personas en procesar oraciones con y sin emojis, analizando el impacto de su ubicación sintáctica: al final de la oración o de manera intraoracional (entre palabras).
Desafío cognitivo
La investigación evidenció que la incorporación de emojis como sustitutos de palabras genera en un principio un mayor costo cognitivo y tiempos de lectura ligeramente más largos, especialmente cuando estos se ubican en la mitad de la oración.
Al respecto, Castillo explicó que “los emojis en contextos intraoracionales; es decir, entre palabras, generaron inicialmente un poquito más de dificultad de procesamiento; los participantes demoraban un poco más en la integración de la lectura de un emoji en esa posición. Sin embargo, a lo largo del mismo experimento, los participantes iban incorporando con cada vez mayor facilidad el emoji en esta posición que es un poco más nueva”.
La investigadora agregó que, al finalizar las pruebas, los lectores procesaban los emojis con una fluidez similar a la de cualquier palabra. “Eso quiere decir que son elementos que ya están incorporados al código comunicativo y que su procesamiento varía fundamentalmente en función de la frecuencia de uso”, precisó.
Por el contrario, los emojis ubicados al final de los enunciados no presentaron mayores barreras de lectura. Según señaló la académica UdeC, esto se debe a que “se trata del contexto de uso más frecuente. Uno lo puede corroborar en su propia experiencia de uso en mensajería instantánea: los emojis suelen incorporarse al final de la oración para indicar algún tipo de modulación o el tono del mensaje”.
Multimodalidad natural
A pesar de las aparentes demoras en la lectura, ambos investigadores coinciden en que el uso de estos recursos iconográficos no entorpece el lenguaje, sino que lo enriquece. De acuerdo con Muñoz, la presencia de emojis en el texto escrito digital representa una evolución en nuestras formas de interacción.
“Podríamos pensar que es el desarrollo natural de la comunicación escrita. Nuestra comunicación escrita como especie era bastante iconográfica; el desarrollo de alfabetos es muy posterior. Entonces es una vuelta a lo natural de nuestra comunicación y la recuperación de elementos para indicar cosas”, destacó el investigador.
Muñoz enfatizó que en la actualidad los emojis han alcanzado un grado de masificación e institucionalización tan alto que sobrepasan la comunicación informal. “A este nivel de incorporados están, que constituyen pruebas en juicio, pueden ser causal de despido, el emoji de cuchillo se puede considerar una amenaza, el emoji de dedito para arriba se considera la aprobación de un contrato en algunas partes. Y ahora en el campo de las aplicaciones educativas o médicas se está explorando la utilización de las caritas para indicar estados emocionales en personas no verbales”, detalló.
En esa misma línea, Castillo subrayó que la especie humana evolucionó desarrollando el código lingüístico en contextos de interacción directa, donde los gestos y señales no verbales sostienen el diálogo. En el entorno digital escrito, los emojis actúan como sustitutos de esas expresiones faciales o corporales.
“Los emojis responden a esta necesidad que tenemos los seres humanos de incorporar estos elementos multimodales que son propios de la comunicación más natural en esta nueva modalidad que funciona en base a la escritura, para enriquecer y acercar la experiencia a lo que sería una comunicación dialógica cara a cara”, concluyó la académica.









