Mientras en Chile existe aproximadamente un neurocirujano por cada 80 mil habitantes, en algunos países de África esta proporción puede llegar a un especialista por varios millones de personas.
Este panorama y las condiciones socioconómicas extremas del continente impulsaron al neurocirujano y profesor asociado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Concepción, Dr. Francisco Luna Andrades, a involucrarse desde 2013 en labores de voluntariado orientadas a combinar atención médica especializada y formación profesional.
Sus primeras misiones se desarrollaron en Dar es-Salam, Tanzania, de manera independiente y sin respaldo institucional. Más tarde se incorporó a la Fundación NED (Neurosurgery, Education and Development), organización europea que promueve un modelo basado en la asistencia clínica, la educación y el fortalecimiento de capacidades locales.
«Tenía la convicción de que hay que hacer un trabajo de educación, asistencia y formación», explicó el académico, quien durante años buscó desde Chile impulsar iniciativas de cooperación que fueran más allá de intervenciones puntuales y permitieran generar cambios duraderos.
Según relató, la magnitud de las brechas económicas, la pobreza extrema y la falta de acceso a la salud que observó reforzó esa decisión.
«En algunos países había un neurocirujano por cada tres o cinco millones de habitantes y otros donde simplemente no existían. La necesidad de formar y crear especialistas era imperiosa. Mi convicción de trabajar como voluntario estaba basada en datos, no solo en un deseo o aspiración emocional», afirmó.

Menos ayuda pasajera, más presencia constante
Durante más de una década, el Dr. Francisco Luna ha destinado parte importante de sus vacaciones y recursos para integrar equipos internacionales que realizan cirugías, cursos y actividades de formación en distintos países africanos. El objetivo ha sido que los profesionales locales adquieran las competencias necesarias para atender a sus propias comunidades.
«Hoy médicos locales han aprendido y son ellos quienes, de manera creciente, organizan junto a las misiones la atención de los pacientes, situación impensada hace poco más de una década», afirmó.
El especialista destacó que ese avance responde al trabajo sostenido de la Fundación NED, al alero de su presidente y cofundador, Dr. José Piquer. Este enfoque busca dejar capacidades instaladas en los sistemas de salud locales.
«Me siento solo como un eslabón más de una maravillosa cadena de personas que han sabido mezclar vocación con perseverancia y determinación», sostuvo.

Enseñanza que transforma
Uno de los hitos recientes más significativos fue la graduación de la primera mujer neurocirujana de Zanzíbar, tras completar un proceso formativo de cinco años desarrollado por la Fundación NED junto al Colegio de Cirujanos de África Oriental, Central y Austral (Cosecsa).
El trabajo de formación ha dado frutos, traspasando mayores responsabilidades a los equipos locales.
«Es tremendo el cambio. Ellos se empoderan y nosotros cada vez tenemos un rol menos protagónico en la atención directa», comentó.
A ello se suman avances en capacitación de equipos multidisciplinarios, fortalecimiento de unidades de cuidados intensivos, entrenamiento quirúrgico y programas de apoyo para familias de niños con enfermedades neurológicas congénitas.
En la actualidad, el Dr. Luna es el único latinoamericano que integra el equipo internacional de voluntarios de la fundación.
Junto al cierre del proceso formativo de la primera neurocirujana, el Dr. Luna celebró otros hitos de la Fundación NED, como recibir el reconocimiento por excelencia de la Comunidad Europea además de diversos premios por su labor humanitaria.

Un mensaje para las nuevas generaciones
Aunque reconoció el esfuerzo personal y familiar que implica esta labor, Francisco Luna insistió en que el foco debe estar puesto en el trabajo humanitario y no en los reconocimientos individuales, con la meta de ayudar asistiendo y educando para producir el cambio.
Como académico y director del programa de especialidad en Neurocirugía de la Universidad de Concepción, sostuvo que una de las principales enseñanzas de esta experiencia es actuar de manera coherente respecto de los valores que se promueven, siempre desde la humildad y el respeto a las culturas locales.
«Hay resiliencia, perseverancia, tenacidad y sacrificio personal y familiar. Es consecuencia entre lo que se sueña como ayuda y la determinación y perseverancia para realizarlo con profunda dedicación y vocación. Lo importante es conjugar que lo que uno quiera hacer en la vida sirva a los demás», expresó.
Por ello, busca dejar una invitación potente para estudiantes y jóvenes profesionales:
«Atrévanse a soñar. Si ese sueño persigue un bien superior, luchen por conseguirlo con tenacidad, perseverancia y determinación. Tendrán dificultades y fracasos, como los hemos tenido, pero siempre se puede. Siempre recuerden: que los problemas sean desafíos y no barreras».









