Día Mundial del Lavado de Manos: hacerlo bien importa más que hacerlo constantemente


Tocar superficies, manipular alimentos o llevarse las manos al rostro puede favorecer la transmisión de microorganismos. La higiene de manos sigue siendo clave para prevenir infecciones y enfermedades.

Un acto tan sencillo como el lavado de manos es una de las medidas más simples, baratas y eficaces para evitar la transmisión de microorganismos responsables de un importante número de infecciones gastrointestinales y respiratorias.

Entre los agentes que pueden transmitirse por las manos se encuentran bacterias como Salmonella, Shigella y ciertas cepas de Escherichia coli, asociadas a enfermedades gastrointestinales, además de virus como el norovirus y algunos adenovirus.

La higiene también contribuye reducir la propagación de microorganismos respiratorios, como los rinovirus, los virus de la influenza y el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, aunque las vías de transmisión varían según el patógeno.

Si bien estos patógenos pueden transmitirse principalmente  a través de las secreciones respiratorias, las manos tiene  también participan en su diseminación. 

“A nivel de centros de salud, la higiene de manos también es especialmente importante en la prevención de infecciones asociadas a la atención de salud (IAAS)”, señaló el académico de la Facultad de Ciencias Biológicas y especialista en Microbiología de la Universidad de Concepción, Gerardo González Rocha.

Por eso, cada 15 de octubre se celebra del Día Mundial del Lavado de Manos, con el fin de hacer conciencia sobre la relevancia de este hábito para la salud de la población.

La fecha fue establecida a instancias de la Asociación Mundial de Lavado de Manos (Global Handwashing Partnership) y cuenta con el aval de la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, que tienen una fecha propia para este tema y que se celebra el 5 de mayo.

El impacto del lavado de manos ha sido documentado por estudios recopilados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, que indican que este tipo de intervenciones pueden reducir las enfermedades diarreicas entre un 23 y 40 % y las enfermedades respiratorias, en torno a un 16–21 %, comentó el Dr. González.

El investigador mencionó que el mecanismo por el cual las manos actúan como un vehículo de transmisión es muy sencillo y tiene que ver con muchas acciones que ejecutamos en nuestra vida cotidiana.

“Continuamente tocamos a personas, alimentos, superficies, celulares, manillas, dinero, baños, animales, etc. Si una superficie está contaminada, los microorganismos pueden pasar transitoriamente a nuestras manos y posteriormente podemos transferirlos a otra persona, a un alimento o a nuestras propias mucosas al tocarnos la boca, nariz u ojos”, explicó.

Un ejemplo común es la transmisión fecal-oral de patógenos después de ir al baño: las manos pueden quedar con partículas microscópicas de material fecal que contienen bacterias, virus o parásitos, que se eliminan con la higienización.

“Si manipulamos alimentos sin lavarnos adecuadamente, podemos transmitir esos microorganismos”, anotó.

González recordó que durante la pandemia del Covid 19 la sociedad adquirió una “conciencia excepcional” sobre el rol de la higiene de manos en la salud, que ha ido disminuyendo con el tiempo.

“Sin embargo, creo que hoy la situación epidemiológica es menos compleja que durante la pandemia, por lo que no se necesita medidas tan extremas como las aplicadas en ese periodo”, indicó.

Así, el especialista asegura que en períodos normales de circulación de patógenos, solo basta el lavado simple, con agua y jabón. 

“Usar antisépticos y/o desinfectantes para eliminar microorganismos en manos y superficies, respectivamente,  debería quedar reservado para situaciones particulares de mayor riesgo”, aseveró.

Y si bien no existe un número mínimo de lavados diarios, la OMS ha establecido cinco momentos fundamentales en los que se debe cuidar la higiene, para evitar una eventual transmisión de patógenos:  antes de preparar alimentos, antes de comer o alimentar a otra persona, después de ir al baño o entrar en contacto con deposiciones, después de toser, estornudar o sonarse la nariz y cuando las manos están visiblemente sucias.

“Hay otras situaciones en que es evidente hacerlo, como después de cambiar pañales, manipular basura o alimentos crudos y cuando se ha estado en contacto estrecho con una persona enferma. En ambientes sanitarios, naturalmente, las exigencias son mucho mayores y muchas veces se usan jabones antisépticos”, agregó el académico.

En este nuevo Día Mundial del Lavado de Manos, el Dr. González llama a ser conscientes del papel que éstas cumplen como vía de transmisión de microorganismos entre personas y lugares, pero sin caer en un temor exagerado a los microorganismos ni en una obsesión por la higiene de las manos.

“Lo importante es hacerlo  bien y, sobre todo, hacerlo en los momentos adecuados. Es una medida sencilla, económica y extraordinariamente efectiva para cortar la cadena de transmisión de muchas enfermedades infecciosas. Higiene de manos sí, pero basada en riesgo y no en una búsqueda de esterilidad”, puntualizó.