Las cámaras de seguridad pueden aportar información relevante para estudiar terremotos incluso en lugares donde no existen instrumentos sísmicos cercanos. Así lo demuestra una investigación internacional con participación de especialistas de la Universidad de Concepción, que reconstruyó el movimiento del suelo durante el terremoto de magnitud 7,5 ocurrido en Venezuela el 24 de junio de 2026, mediante el análisis de objetos captados en grabaciones de vigilancia.
El académico del Departamento de Ingeniería Civil de la Facultad de Ingeniería, Gonzalo Montalva Alvarado; el estudiante del Doctorado en Ciencias de la Ingeniería, Nicolás Bastías Tejos; y el académico del Departamento de Ciencias de la Tierra de la UdeC, Javier Ojeda Vargas, fueron parte de este estudio publicado en la revista científica The Seismic Record y liderado por los investigadores José Bustos y Pablo Heresi, en el marco del proyecto Anillo EASER, financiado por la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
La investigación reunió a especialistas de la Universidad de Concepción, Universidad de Chile, Stanford University y City St George’s, University of London, varios de ellos integrantes de este proyecto de colaboración internacional.
De acuerdo con el académico Gonzalo Montalva, quien además es director del proyecto EASER, uno de los principales aportes del estudio es su carácter pionero, al desarrollar por primera vez una reconstrucción de estas características a partir del movimiento de objetos captado por cámaras de seguridad.

La investigación se concentró en Caraballeda, localidad costera del estado de La Guaira, una de las zonas más afectadas por el terremoto. Debido a la ausencia de estaciones acelerográficas cercanas a la ruptura, los investigadores recurrieron a las imágenes registradas por dos cámaras de seguridad de un establecimiento comercial.
A partir de estas grabaciones, analizaron el desplazamiento de un delineador de tránsito de plástico que se deslizó sobre el pavimento durante el sismo. Mediante el seguimiento cuadro por cuadro de su movimiento, mediciones de fricción realizadas posteriormente en terreno y modelos matemáticos, lograron reconstruir la aceleración y velocidad del suelo.
Para validar los resultados, el equipo analizó de manera independiente la oscilación de un poste de alumbrado de 11 metros de altura, visible en las mismas imágenes. La coincidencia entre su comportamiento y el movimiento sísmico reconstruido permitió respaldar la metodología utilizada.
Los resultados revelaron una velocidad máxima del suelo cercana a los 202 centímetros por segundo, un valor excepcional que supera registros obtenidos durante terremotos de gran magnitud, como el de Kobe, Japón, y los ocurridos en Turquía en 2023.
Las imágenes también permitieron observar cómo ocho edificios comenzaron a colapsar prácticamente al mismo tiempo, coincidiendo con el término del intenso pulso sísmico identificado por los investigadores.
Más allá del análisis de este terremoto, la investigación abre nuevas posibilidades para la ingeniería sísmica, al demostrar que las grabaciones de cámaras de vigilancia, complementadas con mediciones en terreno y modelos físicos, pueden proporcionar información relevante sobre terremotos en lugares donde no existen instrumentos de registro.
El artículo científico está disponible en acceso abierto y los investigadores también pusieron a disposición los videos, datos reconstruidos y códigos utilizados, facilitando su consulta y reutilización por parte de la comunidad científica.









