¿Qué ocurre cuando un país necesita tomar decisiones frente al cambio climático, pero todavía desconoce parte de lo que está ocurriendo en sus propios territorios? La pregunta atraviesa buena parte de los desafíos ambientales que enfrenta Chile.
Porque para anticipar riesgos, diseñar políticas públicas o evaluar si las soluciones implementadas están funcionando se necesita algo esencial: evidencia. Y aunque existe información, todavía persisten vacíos que dificultan comprender fenómenos que se expresan de manera distinta a lo largo del territorio.
Para Paloma Toranzos, jefa de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Chile, esta brecha obliga a dirigir la mirada hacia un actor fundamental: las universidades. No solo por su capacidad de producir conocimiento, sino también por su vínculo con los territorios, la formación de profesionales y su potencial para contribuir a transformar ese conocimiento en soluciones.
En el marco de la presentación de la nueva Dirección y el inicio del mes de la sustentabilidad de la Universidad de Concepción, Toranzos dictó la charla magistral “De los desafíos a las soluciones: Construyendo sostenibilidad en Chile”.
En la antesala de esta actividad, abordó el papel que pueden asumir la ciencia y las universidades frente a la crisis ambiental, la necesidad de sostener las políticas de sustentabilidad en el largo plazo y uno de los principales desafíos para convertir el conocimiento en acción: el financiamiento.
— ¿Qué rol deberían asumir hoy las universidades frente a los desafíos ambientales que estamos enfrentando?
— Las universidades tienen un rol sumamente clave. Por su responsabilidad social tienen la capacidad de motivar una mayor participación, educando, sensibilizando y capacitando a futuros líderes. Además, a través de sus ejes misionales de investigación e innovación, pueden contribuir directamente a solucionar problemáticas graves que vivimos como sociedad.
— ¿Eso supone también una comunidad científica más vinculada con los problemas concretos de la sociedad y los territorios?
— Eso es clave, que la comunidad científica tenga esa mirada que sale de los laboratorios, para ir generando mayor comprensión de lo que pasa a nivel territorial. Y esta necesidad se vuelve particularmente evidente cuando se observa la poca disponibilidad de información ambiental en Chile.

— ¿Tenemos hoy la información científica necesaria para tomar buenas decisiones?
— Hay bastante información ambiental, pero está bastante desagregada, ese es el mayor inconveniente. A pesar de que se investiga bastante, todavía tenemos vacíos importantes. Y en eso las universidades contribuyen mucho, especialmente en áreas más específicas.
Políticas a largo plazo
Producir evidencia, sin embargo, es solo una parte del desafío. La siguiente pregunta es qué hace un país con ese conocimiento y, sobre todo, durante cuánto tiempo es capaz de sostener las decisiones construidas a partir de él.
Adaptarse al cambio climático, recuperar ecosistemas degradados, conservar la biodiversidad o transformar la infraestructura para hacerla más resiliente son procesos cuyos resultados difícilmente pueden circunscribirse a un periodo presidencial. Requieren continuidad, planificación y recursos.
Es en ese punto donde el financiamiento y la capacidad de proyectar las políticas públicas más allá de los ciclos de gobierno pasan a formar parte de una misma discusión.
— Entonces, el financiamiento de la investigación también pasa a ser parte de la respuesta frente a la crisis ambiental.
— Si no hay financiamiento para investigación científica, tenemos un problema grave, porque nada de esto es viable si tú no tienes evidencia y datos que lo respalden. El problema no termina en la investigación. Incluso cuando la evidencia existe, las respuestas frente al cambio climático, la pérdida de biodiversidad o la contaminación requieren plazos que superan ampliamente los cuatro años de una administración.
— ¿Chile necesita abordar la sustentabilidad como una política de Estado?
— Una de nuestras preocupaciones siempre ha sido el que el poder enfrentar los desafíos que tenemos hoy en día a nivel ambiental requiere de políticas de largo plazo. Ese tipo de soluciones tienen que ser a largo plazo y, por tanto, se requiere una mirada y una visión y un trabajo de Estado. La preocupación hoy en día es que, efectivamente, esa visión de Estado se mantenga. No tengamos retrocesos, por supuesto, y, además, tomemos en cuenta que estamos súper expuestos a este tipo de impactos climáticos.
La continuidad de esas políticas abre, a su vez, una discusión que ha acompañado durante décadas al debate ambiental: si proteger la naturaleza supone necesariamente poner un freno al desarrollo económico o si ambos objetivos pueden avanzar como parte de una misma estrategia de largo plazo.

— En este contexto, ¿considera que el modelo sigue entendiendo al crecimiento económico y a la protección de la naturaleza como objetivos contrapuestos?
— Para nosotros efectivamente es una falsa dicotomía pensar que tiene que ser uno a costa de otro. Por el contrario, ese balance es fundamental porque es el que te permite obtener resultados a largo plazo. En esa búsqueda de equilibrio las universidades tienen un rol no sólo como productoras de conocimiento, sino como instituciones capaces de formar profesionales con una visión holística sobre los problemas que estamos enfrentando hoy en día como sociedad, eso es sumamente importante, porque al final todo esto surge desde la educación”.
Desde esa perspectiva, el papel de las universidades vuelve a adquirir relevancia. Especialmente el de aquellas instituciones cuyo trabajo académico y científico mantiene una relación directa con territorios donde los efectos del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y otras presiones ambientales adquieren expresiones concretas.
—¿Qué posibilidades observa particularmente en una institución como la Universidad de Concepción?
—Imagínate, en el caso de la Universidad de Concepción, que está en una región que es tan rica en términos de biodiversidad, la cantidad de temas que se pueden abordar, que contribuyen a los temas vinculados a cambio climático, degradación de suelo. O sea, hay un sinnúmero de cosas en donde se puede contribuir directamente.









