Hace un año, con motivo del aniversario106, reflexionábamos sobre los retos que esperaban a la Universidad en un contexto marcado por tensiones políticas y transformaciones profundas ( https://shorturl.ad/lVEZK ). Muchas de esas ideas siguen vigentes aún con más fuerza. La UdeC nació con el mandato de generar valor público desde la academia para el desarrollo regional y nacional. Ese mandato no ha cambiado; por el contrario, se ha vuelto más urgente.
Ser un referente del sur de Chile —y desde allí contribuir a las grandes conversaciones nacionales— exige una Universidad activa, conectada con los territorios y consciente del rol que cumple como motor de innovación y conocimiento. Su voz debe ser reconocida por la excelencia de su producción científica, por su capacidad de anticipar el impacto social de las tecnologías emergentes y de participar sin sesgos en las decisiones estratégicas del país.
Pero ninguna institución avanza sin su gente. El bienestar y la salud física y mental de quienes trabajan en la UdeC deben ser una prioridad. Cuidar a su comunidad es un requisito para responder a los desafíos actuales. Lo mismo ocurre con la academia, fortalecerla, darle estabilidad y proyectarla con responsabilidad es imprescindible para asegurar excelencia y formar profesionales preparados para los desafíos del presente-futuro.
Crecer y mejorar, sin desandar lo avanzado, exige memoria institucional. No se trata de borrar y reconstruir, sino de aprovechar lo aprendido, reconocer lo que se ha hecho bien y corregir con madurez lo que requiere mejora. En ese camino, los campus —sus necesidades, anhelos y propuestas— deben estar plenamente integrados en la construcción de un proyecto institucional coherente y sostenible.
Cambiar la cultura organizacional es parte del mismo desafío. Pasar de una lógica centrada en indicadores y reportes —muchas veces desconectados del impacto real— a una cultura del “saber hacer y hacer mejor”. Ubicar a la academia en el centro de la estructura organizacional, dotándola de apoyo ágil y sin trabas, es fundamental para demostrar excelencia en cualquier proceso de acreditación.
El compromiso con los estudiantes será otro eje clave. Formar ciudadanos que comprendan fenómenos sociales complejos, trabajen interdisciplinariamente y se integren a la comunidad con un fuerte sello ético y democrático, es la base para proyectar a la UdeC hacia los próximos años.
Hacia 2050, nuevas generaciones seguirán guiando a la Universidad de Concepción con su espíritu, valores y vocación pública que permita mantener la vigencia del propósito de generar valor para la sociedad.
Columnista

Dr. Jorge Fuentealba Arcos
Elecciones Rectoría UdeC 2026-2030









