En Chile, la salmonicultura utiliza más de 300 toneladas de antibióticos al año. Gran parte de estos fármacos no son metabolizados por los peces y terminan directamente en el mar. Este residuo constante en los ecosistemas acuáticos está generando una de las mayores amenazas silenciosas para la salud pública global: la proliferación de bacterias resistentes.
Frente a este escenario, el académico de la Facultad de Ciencias Químicas, Daniel Palacio Badel, lidera el desarrollo de bioadsorbentes que limpian los ecosistemas acuáticos creados a partir de residuos naturales que actúan como «esponjas» para capturar y retirar los antibióticos del agua antes de que impacten la flora, la fauna y la salud humana.
A diferencia de los filtros sintéticos tradicionales —que provienen del petróleo y pueden degradarse en microplásticos— o de la oxidación avanzada que requiere un alto gasto energético y reactivos químicos, la propuesta que trabaja el Dr. Palacio utiliza subproductos naturales como la celulosa, la lignina, los taninos o el quitosano obtenido de caparazones de crustáceos.
«Diseñamos materiales a nivel micrométrico que actúan como esponjas o captadores. Son partículas de base biológica que, al entrar en contacto con el agua, absorben el líquido y retienen internamente las moléculas de los antibióticos mediante procesos de difusión, evitando que continúen su paso hacia los ecosistemas o la cadena alimentaria», explicó el académico.
Un problema silencioso
La acumulación de antibióticos en los recursos hídricos constituye una amenaza que avanza sin mostrar señales visibles de alerta inmediata, pero cuyos efectos a largo plazo son devastadores. A medida que las bajas concentraciones de estos fármacos persisten de manera ininterrumpida en el agua, las bacterias del entorno se adaptan y desarrollan mecanismos de defensa.
Este fenómeno es lo que facilita que estas concentraciones de antibióticos retornen a la vida cotidiana a través del consumo de agua o de los alimentos, generando resistencia a los tratamientos antibióticos.
«Las plantas de tratamiento de agua hoy en día no están eliminando o reteniendo esos contaminantes, y se está volviendo un ciclo: llega a los alimentos (…) nos llega a nosotros cuando abrimos la llave y nos tomamos un vaso de agua. Estamos consumiendo antibióticos, y ese consumo se nos va bioacumulando y nos va causando resistencia. Por eso es que a veces, cuando consumimos algún medicamento que antes hacía efecto en dos días, ahora se demora hasta cinco días o a veces no nos causa ningún efecto», explicó.
Liderazgo y trayectoria de excelencia
El Daniel Palacio Badel es Químico y Doctor en Ciencias por la Universidad de Concepción. A lo largo de su carrera, ha sido reconocido en múltiples ocasiones por crear patentes y por impulsar una ciencia que genera un impacto real en la sociedad.
Su trayectoria destaca por un alto nivel de trabajo e innovación: cuenta con más de 60 artículos publicados en revistas internacionales, cinco patentes aprobadas y capítulos en libros especializados. Además, lidera importantes proyectos de investigación y desarrollo financiados tanto por el Estado como en alianza directa con empresas. Gracias a este trabajo, fue elegido para formar parte del programa «Ciencia de Frontera» de la Academia Chilena de Ciencias, un reconocimiento exclusivo para los científicos jóvenes más destacados del país.
Actualmente, dirige dos grupos de investigación enfocados en limpiar la contaminación del agua y crear nuevos biomateriales para la salud y la agricultura. A la par de sus investigaciones, apoya la formación de nuevos profesionales guiando a estudiantes de maestría y doctorado, y participa activamente en el desarrollo académico de la universidad.









