Los eventos asociados a ríos atmosféricos han puesto nuevamente en evidencia la necesidad de replantear la forma en que Chile enfrenta el riesgo de inundaciones y aluviones. Desde la ingeniería ambiental, la gestión de estos desastres se basa en comprender la dinámica del agua y los sedimentos mediante principios de hidrología, hidráulica, mecánica de fluidos y geomorfología fluvial. Más que intentar contener las crecidas mediante obras rígidas, el desafío consiste en diseñar soluciones adaptadas al funcionamiento natural de cada cuenca.
En las zonas áridas y semiáridas del norte del país, una de las principales limitaciones ha sido el intento de encauzar flujos torrenciales en canales de hormigón estrechos, los que en algunos casos pueden acelerar el flujo y trasladar el problema aguas abajo. Una estrategia más efectiva consiste en incorporar infraestructura de disipación de energía, como grandes piscinas o reservorios de decantación ubicados en la transición entre las quebradas precordilleranas y los valles aluviales. Al aumentar la sección de escurrimiento, el flujo disminuye su velocidad y gran parte de los sedimentos queda retenida antes de alcanzar las zonas urbanas, reduciendo significativamente el potencial destructivo de los aluviones.
A ello se suman las denominadas Soluciones Basadas en la Naturaleza (SbN), que aprovechan los procesos naturales para disminuir el riesgo. Incluso en ambientes áridos existe vegetación nativa capaz de estabilizar los suelos y aumentar la rugosidad superficial, favoreciendo la infiltración del agua y reduciendo la velocidad del escurrimiento. La restauración de riberas, la revegetación con especies adaptadas al déficit hídrico y la construcción de microterrazas y zanjas de infiltración en laderas permiten disminuir la erosión, retener sedimentos y favorecer la recarga de los acuíferos, transformando parte del exceso de agua superficial en una reserva hídrica subterránea.
Otra herramienta fundamental es el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana mediante monitoreo en tiempo real y modelación hidrológica. Redes de sensores de nivel y pluviómetros instalados en las cabeceras de las cuencas pueden detectar lluvias intensas y transmitir la información casi de manera inmediata a los centros de monitoreo, proporcionando un tiempo valioso para activar protocolos de emergencia y evacuar sectores vulnerables. Complementariamente, el uso de imágenes satelitales, como las obtenidas por Sentinel-1, junto con modelos hidráulicos como HEC-RAS 2D o Iber, permite simular la propagación de las crecidas e identificar las zonas con mayor probabilidad de inundación, apoyando la planificación territorial y la toma de decisiones durante una emergencia.
En términos de planificación urbana, las ciudades deben avanzar hacia un diseño que permita convivir con eventos hidrológicos extremos en lugar de intentar eliminarlos por completo. Esto implica incorporar parques inundables, ampliar las áreas de infiltración, utilizar pavimentos permeables y sistemas de drenaje vegetado, además de preservar las planicies de inundación y evitar la ocupación de sectores naturalmente expuestos. Estas medidas no eliminan el riesgo, pero sí reducen considerablemente los daños asociados a las crecidas.
La evidencia científica muestra que la gestión moderna del riesgo de inundaciones requiere un enfoque integral que combine infraestructura, restauración ecológica, monitoreo en tiempo real y planificación territorial. En un escenario donde se espera que los eventos extremos sean más frecuentes e intensos, fortalecer la resiliencia de las cuencas será tan importante como responder a las emergencias cuando estas ocurran.

Dr. Santiago Yépez
Profesor Asociado de la Facultad de Ciencias Forestales de la Universidad de Concepción.
Coordinador Regional del Grupo Friend-Water LAC de la UNESCO PHI.

Dr. José Margotta
Académico de la Universidad Andrés Bello
Integrante de Grupo Friend-Water LAC de la UNESCO PHI









