«Jugar con el lenguaje es poner a prueba sus límites»: Consuelo Iturraspe inicia residencia creativa en la UdeC


Ganadora de la Beca de Residencia Gonzalo Rojas, la poeta compartirá con la comunidad universitaria una propuesta que busca fortalecer el diálogo entre la poesía chilena y argentina.

La poesía, bien lo sabe Consuelo Iturraspe (Santa Fe, 1987), “no puede ganar ni detener una guerra”. Sin embargo, en su apuesta por la auténtica atención, sí que logra imprimir otra velocidad al mundo de vértigo que cada día sufrimos. Para esta poeta argentina, cada proceso creativo comienza por buscar y construir una voz.

Con esa convicción llegará a la Universidad de Concepción la poeta y dramaturga argentina ganadora de la Beca de Residencia Gonzalo Rojas, iniciativa que impulsa la Cátedra dedicada a preservar y proyectar el legado del destacado escritor chileno.

Si la obra de Rojas “sigue interpelando los cruces entre lenguaje, existencia, memoria y comunidad”, como afirmara la profesora Mariela Fuentes, directora de Cátedra que honra al poeta; la próxima estancia creativa de Iturraspe en la casa de estudios contribuirá a enriquecer la dimensión internacional de ese legado.

Poner a prueba los límites

En su formación y trayectoria creativa hay dos líneas muy claras y fecundas: teatro y poesía. ¿Cómo se alimentan mutuamente?

Siempre me costó distanciar el teatro de la poesía. Me parece que no consigo pensarlas exclusivamente en términos formales, como géneros. El teatro llegó cuando era una niña y me enseñó a creer en la ficción. Después llegó la poesía, para que esa ficción encontrara su música y para abrirme nuevos campos de sentido. O tal vez llegaron al mismo tiempo y desde entonces conviven en mi trabajo. Las dos prácticas me acompañan de forma permanente y atraviesan todo lo que hago, lo que miro y lo que soy. Y, cuando finalmente escribo un poema o una obra de teatro, siento que ambas empiezan por el mismo lugar: la búsqueda y la construcción de una voz.

En una reseña de su libro ‘En lugar de dormir’ se mencionaba que, de cierta forma, conducía “a una reconstrucción insospechada de la muerte”. ¿Cuánto muere un poeta cada vez que reconstruye sus angustias?

¡Espero que no muera nada! O que en todo caso muera lo que sobra. O que esa muerte sea iluminación. Una vez leí una entrevista que le hicieron al dramaturgo y poeta Heiner Müller donde afirma que el elemento básico del teatro es la transformación. Entonces, dice, el teatro siempre tiene que ver con la muerte. Fue la primera vez que pensé en la muerte como un pasaje hacia una nueva configuración. Si pensamos a la poesía con esa lógica transformadora, quizá también podemos afirmar lo mismo: morir y renacer en el poema.

“Sé que el dolor… es un tajo abierto a la poesía, no lo concibo sin la posibilidad de escribirlo”, comentó en una entrevista. ¿Hasta qué punto es la poesía una forma de terapia, de sanación, y hasta qué punto una eternización de lo doloroso?

Creo que la escritura es tan sanadora como la lectura en tanto le dan sentido al mundo, a ese estar en el mundo. Pero esto no es algo que necesariamente deba aplicar a todas las personas que escriben o que leen poesía. Y tampoco a todos los poemas. Ayer escribí unos pobres versos y no sané para nada, por el contrario, quedé afectada porque no me convencieron. Me parece un gesto demasiado grande y hasta inútil atribuirle esa cualidad a algo que es tan potente y prístino. En mi caso, cuando leo un libro que me conmueve o cuando en verdad sucede en mi escritura ese misterio del poema, ahí, todo vale más, no me siento sola, estoy donde tengo que estar. Una certeza quizá parecida a la de estar enamorada.

Concibe la poesía como “una experiencia íntima, solitaria y misteriosa”, sin embargo, se formó en talleres, y ahora le tocará impartir uno. ¿Cómo comunicar lo que presuntamente nace de forma tan misteriosa?

Formarme en talleres es uno de los caminos que encontré para estar más cerca de la poesía. Desde esta mirada es que me hundo en sus posibilidades de enseñanza y aprendizaje, que en general están muy mezcladas. Encontrar distintos puntos de vista, criterios de lectura y temperaturas de sentido para llegar a pensarla más profundamente. Esto no significa que vayamos a entenderla, o que tenga sentido entenderla.

La corrección de un poema también es un ejercicio particular. No puedo sentarme a corregir poemas de otros, pero puedo leerlos, escuchar el ritmo que piden, asociarlos a otros poemas, hacerles preguntas, percibir la sonoridad de sus palabras, observar qué cosas no están diciendo y qué cosas dicen de más. Desde estas intuiciones construyo mis clases.

Refiriéndote a los textos poéticos, afirmó que “tenemos que empaparnos” de ellos, “jugar con ellos, prestarles nuestra voz, permitir que nos atraviesen”.

No imagino la literatura sin juego. Incluso pienso que debería estar en su definición. Pero no hablo del juego como algo ligero o accesorio, sino como una forma de exploración. Jugar con el lenguaje es poner a prueba sus límites, descubrir relaciones inesperadas, divertirse. En ese sentido, la poesía juega con absoluta seriedad. Creo que el juego es una de las formas del rigor.

El legado de Gonzalo Rojas

Cuando se dice “Gonzalo Rojas”, más allá de esta beca en específico, ¿cuánto cree que se está nombrando en el panorama literario continental?

En mi caso, de no haber participado de un seminario de poesía latinoamericana que dictó el poeta Jorge Boccanera en Buenos Aires (en el cual también conocí, por ejemplo, al peruano Antonio Cisneros), tal vez nunca me hubiera acercado. Ese encuentro fue una puerta de entrada a una tradición poética que muchas veces conocemos de manera fragmentaria y, gracias a eso, entendí el lugar fundamental que ocupa Rojas en la poesía latinoamericana del siglo XX. La poesía también necesita espacios que permitan que ciertas voces vuelvan a escucharse, que encuentren nuevos lectores y que sigan produciendo conversación. Por este motivo celebro iniciativas como la Cátedra y la Beca Gonzalo Rojas.

En sus primeras palabras de agradecimiento por la Beca comentó de que intentarás acercar la poesía argentina a la chilena en el taller que impartirás en la UdeC. ¿Podría ampliar un poco más esa idea?

Armé un cuadernillo con una selección especial de poetas de mi país para compartir en el marco de esta experiencia de intercambio. Son poetas que me formaron. En el laboratorio que voy a coordinar me interesa compartir estas voces, pero también abrir un espacio donde esas lecturas puedan encontrarse con la sensibilidad y la memoria de quienes participan, en asociaciones inesperadas y en las nuevas miradas que cada contexto produce. Y, claro, mi estancia en Chile va a estar atravesada también por la escritura de un nuevo poemario. Espero que ese encuentro con otra tradición, con otros paisajes y con otros modos de leer y pensar la poesía transforme mi escritura.

A juicio de algunos, escribir, enseñar a escribir, dar recitales, resultan casi una trinchera de resistencia en un mundo de vértigo, horror y banalidad. ¿Cómo lo ve?

En algún sentido, sí. Pero la poesía no puede ganar ni detener una guerra. Lo que sí hace es oponerse al vértigo proponiendo otra velocidad. Responder a la banalidad insistiendo en la mirada y la demora. Eso ya es un montón en una época obsesionada con la productividad. Y, desde luego, esa interrupción y las preguntas que podemos hacernos sobre cómo el lenguaje nombra el horror, ese pensarnos y repensarnos en las palabras, son gestos profundamente políticos.

Una pausa frente al vértigo

Para decirlo en modo teatro, le invito ahora a “romper la cuarta pared” y mostrarse directamente. Más allá de obras y versos, ¿quién es Consuelo Iturraspe?

Abro mi corazón y comparto tres breves y para nada comprometedoras entradas de mi diario que quizá ofrezcan alguna idea sobre mis formas de sentir y estar en los días.

1 de septiembre de 2025: ¿Me hubiera enamorado de Alejandra Pizarnik? ¿Es posible que alguien no la haya amado? Hoy me compré una pizarra en su honor. Dibujaré los huecos que me deje el lenguaje. Terminaré mi obra de teatro en la pizarra de Pizarnik.

12 de octubre de 2025: Laura me dijo que confundo la vitalidad con la intensidad. Creo que tiene razón.

20 de enero de 2026: Me hice mi primera mamografía. En el cuarto de luces bajas, antes de hacer la práctica, la doctora me consultó si tenía preguntas. Le pregunté lo que me pregunto cada vez que termino de escribir un poema: ¿Duele?