Aunque ha sido una buena medida de protección, la veda extractiva de 15 años establecida por la Subsecretaría de Pesca sobre Carmelita de Concepción -un pez nativo de agua dulce que solo existe en la Región del Biobío– no ha sido suficiente para la recuperación de sus poblaciones.
El pez Carmelita de Concepción (Percilia irwini) está catalogado ‘En Peligro’ por el sistema de clasificación de especies nativas del Ministerio del Medio Ambiente y de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN, su sigla en inglés).
La académica de la Facultad de Ciencias Ambientales, Evelyn Habit Conejeros, quien estudia la especie desde hace años, advirtió que las investigaciones recientes muestran que las poblaciones “han ido disminuyendo significativamente en el tiempo”.
Por eso califica de forma positiva la extensión, a partir de febrero de este año, de la medida que alcanza a otros peces endémicos de agua dulce desde el norte a la Patagonia que, sin ser especies de interés comercial, reciben resguardo con la veda.
La preocupación por Percilia irwini es particular, pues existe en lugares muy acotados.
Este pez de coloración naranja-amarillo brillante, vientre claro y talla pequeña -no sobrepasa los 9 cm en edad adulta- tiene su hogar principal en la cuenca del río Biobío.
También habita en la cuenca del Andalién -un paleo brazo del Biobío- y en algunas zonas del Itata, un lugar al que llega por trasvase de aguas de riego, detalló la doctora en Ciencias Ambientales y líder del Laboratorio de Ecología y Conservación de Peces de Agua Dulce.
Esta distribución limitada la convierte en una especie “micro endémica” y, como tal, es más frágil y vulnerable a cualquier tipo de perturbación en su ambiente.
Las centrales hidroeléctricas, la canalización de cauces y la presencia de especies introducidas en su hábitat -como los salmónidos- son las principales presiones a las que está expuesto el pequeño pez nativo.
Barreras de conectividad
El académico de Zoología de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas, Daniel Gómez Uchida, pone de relieve que, a pesar del valor de la especie para la zona, aún falta profundizar en su conocimiento.

“Este es uno de nuestros peces nativos y endémicos de la Región del Biobío más carismáticos y al mismo tiempo del que se sabe muy muy poco”, indicó el también Director del Centro Nacional de Investigación en Ríos, Invasiones y Sistemas (IRIS).
El doctor en Ciencias Pesqueras anotó que los trabajos de distintos especialistas -como los conducidos por la investigadora Habit- observan que una de las mayores amenazas para la especie es la fragmentación de su hábitat, especialmente en la cuenca del Biobío.
“La instalación de varias centrales hidroeléctricas tipo embalse han fragmentado el hábitat y la conectividad de las poblaciones en un área geográfica muy extensa”, indicó el investigador.
Allí se observa una reducción de poblaciones en las zonas que quedan entre las centrales. “Entre Ralco y Pangue y entre Pangue y Angostura está solamente en los tributarios del río. En el río principal está en poblaciones muy pequeñas, con diversidad genética reducida o sencillamente ha desaparecido”, puntualizó Evelyn Habit.
Estas instalaciones también son una barrera para la circulación de la Carmelita que -de acuerdo a la investigadora- puede nadar hasta 30 kilómetros aguas arriba en su vida, “una capacidad enorme de desplazamiento para un pez tan pequeño”.
“Si no se puede mover, las poblaciones empiezan a reducirse o se pierden. Y esta es una preocupación porque es una especie en peligro”, aseveró.
Aguas abajo
La académica mencionó que aguas abajo también se han presentado problemas con la especie, que fue encontrada durante la construcción de los nuevos puentes sobre el río Biobío.
“Se hicieron programas de rescate y relocalización, pero sabemos que este tipo de medidas no son efectivas”, acotó desde su experiencia en seguimientos de planes de repoblación.
Lo que pasa es que los peces se retiran del sitio afectado y se llevan a otros lugares “sin tener claros los criterios para definirlos y sin saber si habrá supervivencia”.
A su juicio, hay que pensar en otras medidas, como la reproducción en cautiverio, pensando en futuros repoblamientos donde sea necesario y la restauración de hábitats, con intervenciones que debieran llegar “al menos a escala de sub-subcuenca”.
“Pensar a nivel de subcuenca o cuenca es actualmente muy ambicioso, pero se debería apuntar en ese sentido”, dijo.

El profesor Daniel Gómez acotó que no hay que olvidar otras amenazas multifactoriales que están afectando a la especie, en las que incluye las perturbaciones de tipo antrópico, como los procesos de urbanización y cambio en la calidad de agua, que definitivamente van a tener impactos supervivencia y la sostenibilidad en el largo plazo.
También mencionó la coexistencia de potenciales competidores depredadores, como las trucha café y arcoíris, especies invasoras que son abundante en algunas secciones de las cuencas en que habita la especie.
En este punto, Habit dio cuenta de un trabajo realizado en conjunto con la empresa Colbún -como parte de su plan de manejo de fauna íctica vinculado a la Central Angostura- consistente en la reducción de poblaciones de los grandes depredadores en algunos sectores de la cuenca Biobío.
“Hemos logrado retirar la biomasa de salmónidos y aumentar las poblaciones no solamente de Carmelita, que es la que es más ha aumentado, sino de otras especies en peligro, como son el tollo del Biobío y el bagre pintado”.
La extensión de la veda extractiva representa una oportunidad para fortalecer la conservación de los peces nativos de agua dulce.
Sin embargo, los especialistas coinciden en que la recuperación de la Carmelita de Concepción requerirá medidas más amplias, orientadas a restaurar los ríos, recuperar la conectividad y reducir las amenazas sobre sus hábitats.







