La vejiga es la otra víctima del consumo recreativo e ilegal de ketamina, un fármaco sintético que actúa sobre el sistema nervioso central, cuyo uso está autorizado en el ámbito médico como anestésico y analgésico en humanos y animales.
El testimonio de una chilena de 28 años que perdió su vejiga por abuso de la droga, y ahora debe usar pañales, es reflejo de un problema de salud latente en países donde la droga ha ido ganando terreno, especialmente dentro de la población joven.
La exposición habitual a esta sustancia también puede afectar el aparato urinario y provocar una afección conocida como cistitis inducida por ketamina o “vejiga de ketamina”.
“La cistitis por ketamina es una situación nueva en la práctica clínica, que ha ido en aumento por el consumo de ketamina en los jóvenes y en los adultos de diferentes maneras, como el tusi, principalmente”, señaló el académico de Medicina de la Universidad de Concepción y urólogo, Esteban Arias Orellana.
La ketamina y sus compuestos derivados (metabolitos) se depuran y expulsan a través de la orina. Según consignó el docente de Farmacia y experto en toxicología, Claudio Müller Ramírez, «el consumo recreativo habitual favorece que estas sustancias entren en contacto repetido con la capa interna de la vejiga, provocando un daño inflamatorio y tóxico directo”.
Además de la irritación de la mucosa vesical, la acción de la ketamina puede generar un compromiso de los nervios de la vejiga con implicancias en sus funciones.
Los síntomas son los mismos que presenta una cistitis: aumento de la frecuencia de micción, dolor al orinar, tenesmo vesical (sensación constante y urgente de evacuar) y sensación de vaciamiento incompleto de la vejiga.
Tratar la sintomatología
Con el paso del tiempo, esta agresión puede derivar en una fibrosis del tejido, ocasionando que la vejiga pierda su elasticidad natural y su capacidad de retención.
En los casos clínicos más avanzados, la alteración puede expandirse hacia el resto del sistema renal, comprometiendo seriamente su funcionamiento e incluso ocasionar un daño permanente e irreversible en el aparato urinario.
Hay casos extremos en los que no queda más opción que una cirugía parcial o la extirpación del órgano (cistectomía).
El Dr. Arias explicitó que no existe un tratamiento específico para la “vejiga de ketamina” por lo que hay que atacar la sintomatología. “Esto significa que si hay dolor, hay que tratar el dolor; si hay un aumento de la frecuencia miccional, hay que tratarla con antimuscarínicos, un grupo de medicamentos que buscan disminuir la frecuencia y el deseo miccional”, puntualizó.

En los pacientes con retención de orina permanente por vejiga neurogénica, se indica la aplicación de catéteres o sonda para el vaciamiento vesical.
No hay dosis seguras
Los síntomas pueden ser variables en el tiempo -transitorios, intermitentes o con un compromiso vesical de por vida- y no tienen una relación proporcional con la cronicidad o el nivel de consumo de la droga.
“Hay personas que con pocas dosis ya empiezan a tener problemas y otras que nunca los tienen aunque usen mucha droga. No hay una dosis que podamos decir que es segura para el paciente desde el punto de vista urológico”, aseveró el médico urólogo.
Tampoco es posible asegurar que el solo hecho de dejar la ketamina revierta los síntomas o problemas sobre el sistema urológico, porque la restauración de las funciones también es variable.
El médico anotó que, por ahora, no se ha establecido una relación del consumo de ketamina con otras afecciones urológicas como tumores vesicales, “porque es una enfermedad que se ha descrito en los últimos años y existen muy pocas publicaciones sobre la cistitis por ketamina”.
Peligros toxicológicos
La ketamina es un fármaco que actúa de forma directa en el sistema nervioso central, cuyo uso fuera del ámbito autorizado puede provocar alteraciones perceptivas, desorientación, sedación, pérdida de la coordinación motora y fenómenos disociativos (una desconexión entre el cuerpo y el entorno).
“A dosis más elevadas, puede provocar un compromiso grave del estado de consciencia, que incrementa notablemente la probabilidad de sufrir traumatismos, accidentes u otras complicaciones clínicas”, advirtió el académico Claudio Müller.
Desde la perspectiva toxicológica, la gravedad de los riesgos está influenciada por factores críticos como la dosis empleada, la frecuencia de uso, la duración del consumo, la vía de administración elegida y, de manera crucial, la combinación con otras sustancias, agregó el especialista.
Otro factor de riesgo en el uso no terapéutico del fármaco es la falta de certezas sobre la pureza y concentración del fármaco, así como posibles adulteraciones y, por ende, exposición a otros componentes químicos con efectos imprevistos o que potencien de forma peligrosa los efectos propios de la ketamina.









