La Inteligencia Artificial (IA) atraviesa una transformación histórica. Tras la irrupción masiva de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) como ChatGPT o Gemini, la comunidad científica y las grandes compañías tecnológicas avanzan decididamente hacia una nueva frontera: los Grandes Modelos del Mundo (Large World Models o LWM).
El investigador y académico de la Universidad de Concepción, Pedro Salcedo Lagos, con más de 30 años de trayectoria en el área, detalla las claves de esta transición y la forma en que la UdeC lidera iniciativas aplicadas al bienestar de las personas.
A diferencia de la IA generativa tradicional, que opera fundamentalmente procesando y generando texto a partir de patrones estadísticos del lenguaje, los Modelos del Mundo buscan construir estructuras semánticas y dinámicas que simulan la forma en que los seres humanos perciben la realidad.
«El modelo del mundo que construimos los seres humanos no está hecho solo de lo que decimos, sino también de lo que callamos y de cómo interactuamos con el entorno. Como explicaba Humberto Maturana, en toda interacción humana hay un juego de lenguaje, pero también un juego de emociones y de interacción corporal», dijo Salcedo.
En este ámbito, empresas como Google, Nvidia, Tesla y Meta están desarrollando sistemas capaces de capturar no solo la sintaxis del lenguaje, sino variables físicas y sensoriales en tiempo real. Un ejemplo de esto son las tecnologías capaces de comprender la gravedad, el sonido ambiente o las dinámicas de movimiento a partir de datos multimodales de video y audio, detalló el investigador UdeC.
El techo de la IA
Pese a estos avances, la capacidad de los sistemas de inteligencia artificial para interpretar el mundo sigue teniendo limitaciones. Para Salcedo, la principal dificultad está en representar experiencias individuales y comprender situaciones en las que intervienen emociones, conocimientos adquiridos y elementos que no siempre pueden expresarse mediante palabras.
“El desafío radica en que muchas de estas variables son dinámicas y contextuales. La IA trabaja sobre promedios estadísticos de cómo la humanidad resuelve problemas, pero carece del contexto individual de cada persona y de la complejidad biológica de las 100 mil millones de neuronas humanas”, explicó.
Esta diferencia adquiere especial relevancia en ámbitos como la justicia o la salud. Un juez debe interpretar los antecedentes de una causa considerando sus particularidades, mientras que un profesional de la salud mental puede reconocer señales en la mirada o postura corporal de un paciente. Son situaciones donde la información disponible no siempre resulta suficiente para tomar una decisión.
Por ello, Salcedo plantea que la incorporación de estas tecnologías debe considerar sus limitaciones y mantener la responsabilidad de las decisiones en las personas, especialmente cuando sus consecuencias afectan directamente a otros.
Aplicaciones en distintas disciplinas
Los avances en esta área abren posibilidades en distintos campos. En arquitectura, los gemelos digitales permiten simular el comportamiento de estructuras ante diferentes condiciones, mientras que en medicina pueden contribuir a planificar procedimientos quirúrgicos mediante modelos virtuales de pacientes.
En educación, sistemas capaces de analizar distintas señales podrían ayudar a identificar dificultades de aprendizaje o necesidades particulares de los estudiantes y sugerir estrategias pedagógicas adaptadas. En el ámbito judicial, herramientas de inteligencia artificial también permiten procesar grandes volúmenes de expedientes y antecedentes para facilitar su revisión, aunque estas aplicaciones no corresponden necesariamente a Modelos del Mundo.
Para Salcedo, estas tecnologías deben entenderse como herramientas de apoyo al trabajo especializado, cuyos resultados requieren interpretación y evaluación profesional.
“Los modelos del mundo nos enseñan que la inteligencia artificial debe entenderse como un complemento de alto valor para apoyar y optimizar la toma de decisiones, manteniendo siempre al ser humano y su criterio profesional en el centro”, concluyó.









