A través de una moneda virtual, compras y depósitos a plazo, Banco Áureo propone incorporar conceptos de economía y educación financiera a las dinámicas escolares. La plataforma permite a los docentes organizar actividades en las que los estudiantes pueden obtener y utilizar una moneda virtual, en una experiencia práctica que busca acercarlos al funcionamiento de un sistema económico.
La iniciativa fue creada por el profesor de Matemática y alumni de la Universidad de Concepción Benjamín Nicolás Palacios, quien actualmente cursa el Magíster en Didáctica de la Matemática de la misma casa de estudios. Su desarrollo cuenta con el acompañamiento de Álvaro Moya, académico de la Escuela de Educación del Campus Los Ángeles, quien fue su profesor durante su formación universitaria.
La herramienta, que obtuvo financiamiento del programa Semilla Inicia de CORFO para avanzar en el desarrollo y escalamiento de esta herramienta educativa, se basa en el “áureo”, una moneda virtual que los estudiantes pueden acumular mediante distintas actividades y utilizar para acceder a elementos o beneficios definidos por sus profesores.
Una economía dentro de la sala de clases
Banco Áureo nació a comienzos de este año como una iniciativa orientada a incorporar la economía real en la experiencia escolar.
“Lo que hace es llevar la economía real al aula. La gracia es que toda la dinámica de la clase se mueve mediante una moneda, y esa moneda es el áureo”, explicó Benjamín Palacios.
De esta manera, actividades que tradicionalmente forman parte de las dinámicas de una clase pueden adquirir un valor dentro del sistema. Por ejemplo, un docente puede definir recompensas asociadas a la participación, la puntualidad, el cumplimiento de determinadas actividades o incluso décimas que los estudiantes pueden adquirir utilizando los áureos obtenidos.
La plataforma incorpora además elementos propios de una experiencia bancaria, como compras, boletas electrónicas y depósitos a plazo, con el propósito de que los estudiantes puedan aproximarse a conceptos de educación financiera a través de una experiencia práctica.

El proyecto ya ha sido utilizado de manera piloto con aproximadamente 140 estudiantes de segundo medio del Liceo Enrique Ballacey de Angol, donde se desempeña Palacios. El profesor señaló que la experiencia le permitió observar que la herramienta podía ser utilizada en cursos con distintos niveles de motivación, aunque precisa que se trata de evidencia empírica y que uno de los desafíos de esta nueva etapa será avanzar en la evaluación de sus resultados.
Un vínculo que continúa más allá de las aulas
La participación del académico Álvaro Moya surgió a partir del vínculo que mantenía con Palacios como su profesor durante su formación en la Universidad de Concepción. El contacto se produjo gracias a la directora del Departamento de Ciencias Básicas, la académica Paola Anaya, quien facilitó el acercamiento entre ambos y permitió comenzar a revisar la idea y sus posibilidades de desarrollo.
“Él tenía esta idea, pero quería saber qué pasos podía dar. Entonces, ahí yo también hice como un nexo, conversamos, vimos, revisamos el proyecto, lo encontré súper interesante”, relató Moya.
Desde su experiencia en informática educativa, el académico comenzó a aportar una mirada vinculada con la educación y las posibilidades de proyectar la iniciativa más allá de su aplicación inicial.
El trabajo conjunto también permitió identificar el potencial de Banco Áureo dentro del ámbito EdTech, referido al desarrollo de tecnologías aplicadas a la educación, un área que Moya reconoce como una oportunidad para vincular innovación, experiencia pedagógica e investigación.
“Ahí nos complementamos; su idea con el hecho de poder tener una visión más amplia, de llevarlo hacia la investigación; de si realmente esto es algo que sirve, que realmente uno pueda decir que está mejorando la motivación o el aprendizaje”, explicó el académico.
Esta perspectiva abre una nueva posibilidad para el proyecto, que la plataforma no solo sea una herramienta tecnológica para apoyar determinadas dinámicas de aula, sino también una experiencia susceptible de ser estudiada desde la investigación educativa, particularmente en aspectos relacionados con motivación y aprendizaje.
Del aula a una plataforma con proyección nacional
Uno de los principales objetivos asociados al financiamiento de Semilla Inicia es fortalecer la plataforma para que pueda pasar de la experiencia inicial, desarrollada con un solo docente, a un sistema capaz de incorporar a distintos profesores y establecimientos.
La propuesta contempla una economía asociada a cada colegio, de manera que diferentes docentes puedan integrarse a un mismo sistema. Así, profesores de Matemática, Historia, Lenguaje, Ciencias u otras asignaturas podrían participar de una misma dinámica económica dentro del establecimiento.
Actualmente, la plataforma cuenta con una versión disponible que permite crear cursos de manera gratuita para conocer y probar sus funcionalidades. La proyección del equipo es avanzar durante los próximos meses en su desarrollo tecnológico y preparar una implementación a mayor escala.
Para Palacios, el proceso también representa una experiencia significativa por su vínculo con la Universidad de Concepción, tanto como alumni como estudiante de posgrado.
“Soy un orgulloso titulado y un orgulloso estudiante de magíster. Para mí es un sueño, en realidad, porque no pensé que una idea que nació una tarde de verano iba a escalar de esta manera”, señaló.
El profesor destaca además el respaldo que ha significado desarrollar esta iniciativa junto a quien fuera su profesor y que hoy participa como socio en el proyecto.“Me siento respaldado. Siento que voy a ser bien guiado”.









