Crédito: Esteban Paredes Drake, DirCom UdeC
En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, resulta fundamental reafirmar la necesidad de fortalecer la ciencia, la colaboración interdisciplinaria y el diálogo informado.
La naturaleza enfrenta una situación crítica, y responder a esta emergencia exige responsabilidad colectiva y visión de largo plazo. El estudio científico del medio ambiente no solo nos permite comprender mejor los problemas, sino también actuar con la rigurosidad, oportunidad y claridad que el futuro demanda.
En los últimos días han circulado mensajes confusos respecto del financiamiento de la ciencia y, más preocupante aún, sobre la relevancia de las acciones humanas en el cambio climático. Este fenómeno no solo afecta profundamente los sistemas naturales, sino que también condiciona las posibilidades de desarrollo de nuestras sociedades. Frente a ello, la respuesta de la comunidad científica y de la sociedad civil ha sido clara: la ciencia cumple un rol insustituible en la comprensión de problemas complejos y en la construcción de respuestas responsables, oportunas y basadas en evidencia.
En este contexto, las ciencias ambientales permiten comprender la estructura y el funcionamiento del ambiente y el impacto de la actividad humana, integrando las múltiples interacciones entre sociedad y naturaleza. Esta mirada sistémica e interdisciplinaria permite abordar los desafíos actuales como procesos complejos que involucran territorios, ecosistemas, actividades productivas, comunidades e instituciones.
Chile enfrenta múltiples tensiones ambientales. El desarrollo de actividades productivas en distintos territorios plantea legítimas preguntas sobre sus efectos presentes y futuros, especialmente en un escenario marcado por la contaminación, la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la creciente exposición a riesgos socioambientales. Es precisamente en estas situaciones donde las ciencias ambientales despliegan su mayor aporte.
Este aporte se expresa en la generación de conocimiento riguroso, la evaluación de escenarios, la anticipación de riesgos y el diseño de soluciones que buscan minimizar impactos negativos y potenciar beneficios sociales y ambientales. Asimismo, estas disciplinas contribuyen al monitoreo del estado del medio ambiente, al fortalecimiento de la gestión pública y privada, y al desarrollo de procesos de toma de decisiones más informados, transparentes y legítimos.
La experiencia del Centro de Ciencias Ambientales EULA-Chile de la Universidad de Concepción, desde hace más de 36 años, constituye un ejemplo concreto de este rol público de la ciencia. A lo largo de décadas, ha contribuido al estudio de la calidad de aguas, la gestión de cuencas, la planificación territorial, la evaluación de impactos ambientales y la formación de capital humano avanzado. Su trabajo ha estado estrechamente vinculado a los territorios, apoyando procesos de decisión tanto en el ámbito público como privado, y aportando evidencia científica clave en momentos de alta complejidad ambiental.
Esta trayectoria demuestra que el cuidado del medio ambiente no es un obstáculo para el desarrollo, sino una condición esencial para que este sea sostenible, justo y duradero. Lejos de frenar el progreso, las ciencias ambientales permiten orientarlo, reducir sus riesgos y legitimar sus decisiones.
Columnistas
Francisco de la Barrera Melgarejo
Director del Centro de Ciencias Ambientales EULA-Chile, Universidad de Concepción.
Ricardo Barra Ríos
Profesor Titular, Facultad de Ciencias Ambientales y Centro EULA-Chile, Universidad de Concepción
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