¿Modificación a la norma sísmica? Académico UdeC explica implicancias en diseño de construcciones


La nueva normativa amplía los antecedentes considerados para el diseño sísmico y plantea nuevos desafíos para proyectos ubicados en zonas donde existen fallas potencialmente activas.

La norma NCh433 es el reglamento oficial de nuestro país, a través del cual se establecen los requisitos mínimos para el diseño sísmico de los edificios. Tiene como propósito el asegurar que las estructuras resistan los terremotos, protegiendo la vida de las personas y también reduciendo las consecuencias en las edificaciones.

El profesor asistente del Departamento de Ciencias Geodésicas y Geomática en el Campus Los Ángeles e ingeniero civil, Jesús Piña Valdés, se refirió a la última actualización de dicha normativa, explicando cómo se implementará desde ahora en adelante.

“La norma sísmica se alimenta principalmente con datos de terremotos de subducción, que son los datos que teníamos, de terremotos que se producen principalmente en la zona de contacto entre placas bajo el mar”, inició comentando el profesional.

“Como gran novedad, la norma sísmica lo que trae ahora es la consideración de la existencia y posible actividad de fallas corticales. Esto quiere decir fallas o rupturas de la corteza que podría moverse y generar terremotos de menor magnitud, pero gran impacto local y eventualmente ruptura en la superficie, lo que podría colocar en peligro la infraestructura que esté construida sobre o cercano a estas zonas de fallas”, precisó.

En nuestro país, una de las zonas más estudiadas en esta materia está en la Región Metropolitana, siendo la Falla de San Ramón. Esta es una falla geológica activa que ha albergado serios estudios, debido a que más del 50% de su traza en superficie está actualmente cubierta con construcciones mayormente residenciales.

Explicación gráfica de cómo afectan los terremotos de fallas corticales la superficie del terreno.

¿Cuál es la situación de la octava región bajo esta perspectiva? Según indicó Piña Valdés, “en el caso de Biobío, la verdad es que no tenemos tantas ciudades, como es el caso de Santiago que ha crecido hacia el lado de la cordillera, invadiendo con urbanizaciones lo que se denomina pie de monte, que es donde ya empiezan a aparecer mayormente estas fallas”.

Consideración en grandes estructuras

En la Región del Biobío existen centrales hidroeléctricas en comunas cordilleranas como Antuco y Alto Biobío.

Bajo este contexto, el doctor en Ciencias de la Tierra, comentó que “para efectos prácticos, si pensamos en grandes proyectos de infraestructura más bien industriales, de generación hidroeléctrica o de almacenamiento de agua, como lo pueden ser los embalses que están construidos sobre la zona de la precordillera o incluso bien entrado a la cordillera, este tipo de fallas si pudiesen ser importantes y afectar el desarrollo de proyectos, e incluso a su viabilidad”.

De ahí la importancia de esta norma en futuros proyectos levantados en cercanías de fallas identificadas como activas.

Una profesión al servicio de los datos

La carrera de Ingeniería Geomática, impartida en la Universidad de Concepción únicamente en el Campus Los Ángeles, tiene por descripción la formación de especialistas en el uso de tecnología digital para la captación útil de información geoespacial.

Ante esto, el profesor Piña dijo que “la identificación de fallas activas es un trabajo que requiere de múltiples profesionales y disciplinas, siendo las principales la geología, la geofísica y la topografía”, agregando que “para detectar la presencia de fallas activas, actualmente se están aplicando de estudios topográficos en base a tecnología LiDAR, y esto permite modelar la superficie del terreno, y a partir de esa modelación, el trabajo conjunto entre geomáticos, geofísicos y geólogos podría identificar las zonas de fallas eventualmente activas en la corteza, así como su área de influencia”.