Los sarcomas son un grupo de tumores malignos que se desarrollan en los tejidos de sostén del organismo, como músculos, huesos, grasa, tendones, vasos sanguíneos o nervios.
Según recogió el Registro Nacional del Cáncer Infantil en su informe 2020-2023, estas patologías son la cuarta causa de cáncer en la población pediátrica, abarcando cerca del 11% de los casos y su detección temprana puede marcar una diferencia notable en las posibilidades de recuperación.
El académico de la Facultad de Medicina y pediatra oncohematólogo del Hospital Guillermo Grant Benavente, Dr. Gabriel Cortés Matamala, explicó que los sarcomas se clasifican en dos grupos: tejidos blandos y óseos. En términos generales, el rabdomiosarcoma, el osteosarcoma y el sarcoma de Ewig son algunos de los más frecuentes entre niños y adolescentes.
«Pueden ser de alto grado o de bajo grado dependiendo de la velocidad de crecimiento, la capacidad de invasión local y la capacidad de realizar metástasis, siendo los de alto grado los más agresivos y de peor pronóstico», señaló el docente del Departamento de Pediatría.
Cuándo sospechar de un sarcoma
El Dr. Gabriel Cortés indicó que los sarcomas, según su origen, pueden desplegar su desarrollo en distintas zonas del cuerpo.
«El rabdomiosarcoma se presenta con mayor frecuencia en cabeza y cuello, sistema genitourinario y en extremidades. Por su parte, el sarcoma de Ewing es frecuente encontrarlo en la pelvis, el fémur y las costillas; mientras que el osteosarcoma es común hallarlo en las rodillas, el brazo (húmero proximal) y en las piernas (tibia y peroné)», manifestó el docente.
Respecto a las manifestaciones clínicas y las señales de alerta que deben considerar las personas para llegar a consulta, el especialista dijo que éstas varían si el tumor se ubica en los tejidos blandos o en los huesos.
«En tejidos blandos, el signo inicial suele ser un bulto o masa palpable que aumenta de tamaño de forma progresiva, el cual frecuentemente no genera dolor en sus etapas iniciales», sostuvo el académico del Departamento de Pediatría.
En cambio, cuando el tumor se origina en los huesos suele aparecer un dolor persistente que empeora por las noches o con la actividad física.
«Esto suele acompañarse de un aumento de volumen local (hinchazón), claudicación (cojera) o limitación del movimiento. En menor porcentaje de casos pueden presentarse con síntomas generales como fiebre o decaimiento, pero de ser así, al asociarse a un aumento de volumen óseo, se debería sospechar de un sarcoma de Ewing», detalló el académico UdeC.
Debido a que niños y adolescentes realizan actividad física frecuente, los síntomas suelen confundirse con golpes, desgarros o molestias propias del crecimiento, lo que puede retrasar la debida intervención médica.
Diagnósticos y desafíos de la detección precoz
En la actualidad no hay exámenes preventivos o pruebas de tamizaje capaces de detectar sarcomas de forma previa a la aparición de síntomas. Por ello, las principales herramientas para lograr un diagnóstico temprano siguen siendo la observación de señales de alerta y la evaluación médica oportuna.
«Todo dolor persistente que no cede con analgésicos comunes, que despierta al menor por las noches o toda masa que aumente de volumen por más de 2 a 3 semanas debe ser evaluada con imágenes médicas para descartar a tiempo un tumor maligno o bien derivar a un centro de mayor complejidad para continuar su estudio», advirtió el Dr. Gabriel Cortés.
El proceso diagnóstico, cuando existe sospecha clínica, abarca una serie de etapas. El académico dijo que inicialmente se instruyen exámenes generales para evaluar el estado de salud del paciente, seguidos de estudios de imágenes como radiografías, ecografías, resonancias magnéticas o tomografías computarizadas. Posteriormente se realizan exámenes para determinar si la enfermedad se ha extendido a otras partes del organismo.
La confirmación definitiva se obtiene a través de una biopsia, procedimiento que permite analizar una muestra del tumor y determinar el subtipo de sarcoma y sus características biológicas.
Tratamiento, cobertura y expectativas
Los sarcomas, actualmente, no pueden prevenirse a través de cambios de alimentación, actividad física u otros hábitos. Según el Dr. Gabriel Cortés, «la gran mayoría ocurre de forma esporádica por mutaciones genéticas aleatorias del propio tejido». En cuanto a la variable hereditaria, agregó que «un pequeño porcentaje, menos del 5%, está vinculado a síndromes de predisposición genética familiar, como el síndrome de Li-Fraumeni o la neurofibromatosis tipo 1».
El tratamiento es multidisciplinario, y según el tipo de tumor y el estadio de la enfermedad combina cirugía, quimioterapia y radioterapia.
La cirugía, de acuerdo con el académico de la Facultad de Medicina UdeC, «es el pilar fundamental y mi objetivo es la extirpación completa del tumor con márgenes de tejido sano a su alrededor para evitar recidivas [reaparición tras periodo de mejora aparente]». Para los sarcomas óseos, agregó, «se priorizan técnicas de salvataje de la extremidad mediante prótesis o injertos».
La quimioterapia y radioterapia, por otro lado, permiten reducir el riesgo de recaídas y controlar tumores más agresivos. En determinados pacientes también se incorporan terapias dirigidas e inmunoterapia.
Las posibilidades de recuperación dependen principalmente del momento en el que se detecta la enfermedad. Para los sarcomas localizados, las tasas de sobrevida a cinco años pueden alcanzar entre 65% y 75% en los centros que emplean protocolos avanzados. El pronóstico disminuye de manera importante cuando hay compromiso metastásico.
«A pesar del mal pronóstico de algunos tipos de sarcoma, es muy importante recalcar que siempre hay un tratamiento que ofrecer, ya sea para disminuir la masa tumoral y los síntomas secundarios, como el dolor y déficits funcionales, o para mejorar la expectativa y calidad de vida, incluidos en estos casos los cuidados paliativos», sostuvo el especialista.
En Chile, la cobertura a través del sistema de Garantías Explícitas en Salud (GES) abarca a los menores de 15 años con sospecha de proceso oncológico, incorporando el sarcoma de partes blandas y el sarcoma de Ewing. El marco legal cubre el proceso de quimioterapia para estos subtipos específicos. Para las personas de 15 años y más, el GES contempla cobertura para el osteosarcoma.
Mientras, el sistema de protección universal de la Ley Ricarte Soto (20.850) incorpora los Tumores del Estroma Gastrointestinal.
Red que favorece la recuperación
La existencia de protocolos estandarizados y centros especializados es protagónica para lograr mejoras en los resultados clínicos, a juicio del Dr. Gabriel Cortés. En Concepción, el Hospital Guillermo Grant Benavente cumple esa función como centro oncológico integral del Programa Infantil Nacional de Drogas Antineoplásicas (PINDA), recibiendo en este marco las derivaciones de niñas y niños desde los distintos recintos de Biobío y Ñuble con sospecha de cáncer.
«La idea es que esta derivación sea hecha en forma temprana por los médicos de atención primaria o de hospitales de menor complejidad para realizar el diagnóstico en la etapa más temprana posible, lo cual conferirá al menor un mejor pronóstico», afirmó.
El especialista agregó que la coordinación entre los distintos niveles de atención, junto con la capacitación permanente de los equipos de salud, permite reducir los tiempos diagnósticos y asegurar que los pacientes accedan oportunamente a tratamientos especializados.









