Tras un año sin florecer, la puya de la Universidad de Concepción sorprende con su nueva floración


La planta, que se emplaza sobre la avenida principal del Campus a un costado de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas, presenta una espiga floral que ya supera el metro de largo.

No todos los años florece y, cuando lo hace, tampoco parece seguir un calendario fijo. La Puya alpestris del Campus Central de la Universidad de Concepción vuelve a desplegar esta primavera sus características flores color turquesa acerado, en un nuevo ciclo floral que ha sorprendido a especialistas y visitantes durante los últimos años.

El icónico ejemplar de esta especie andina, endémica de Chile, situada a un costado de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas, presenta en esta ocasión una inflorescencia que empezó a mostrar sus primeros brotes con el inicio de octubre y que ya supera el metro de largo.

De este modo, el chagual –nombre común, que comparte con otras especies de puya como la chilena, habitante costera de flores amarillas- vuelve a mostrar su belleza tras un de receso floral en 2025, que siguió a una floración inusual con tres escapos (varas florales), registrada el año anterior.

Ya antes, había sorprendido con dos florescencias dobles consecutivas en 2022 y 2023. Hasta entonces, había mostrado una periodicidad variable de entre dos a cinco años.

De la familia de la piña

La puya alpestris pertenece a la familia de las bromeliáceas, la misma de la piña y los chupones, y crece en zonas altoandinas entre las regiones de Coquimbo y de La Araucanía.

“Es una planta de gran tamaño, que puede alcanzar entre 1,2 y 4,5 m de altura cuando está en flor y sus hojas están dispuestas en roseta de uno a dos metros de diámetro, sostenidas por un tallo grueso que crece cerca del suelo”, indicó la Curadora del Herbario de la Universidad y docente del Departamento de Botánica, Alicia Marticorena Garri.

Crédito: Esteban Paredes Drake/DirCom UdeC.

Una de las características principales de esta planta son sus inflorescencias que consisten en un tallo espigado (escapo), que puede superar el metro de largo, sobre el que se distribuyen las flores en pequeños grupos.

Estas miden de 3.5 a 6 centímetros de largo, con sépalos verdes y pétalos de color azul verdoso y tienen seis estambres que producen un polen anaranjado.

La especie fue descubierta en la zona subandina de Antuco (Región del Biobío) y fue descrita por primera vez por el naturalista alemán Eduard Friedrich Poeppig, bajo el nombre de Pourretia alpestris en 1833.   

Veinte años después, el naturalista Claudio Gay la nombró Puya alpestris, como aparece en el tomo 6 de su obra Flora Chilena, que incorpora formalmente el género Puya.

“Fue en 2013 cuando se describe la subespecie zoellneri, que es la que está en el campus”, señaló la especialista. 

Siete décadas en el Campus

El chagual fue traído desde el norte del país por investigadores de Farmacia, en la década del 50 en el siglo pasado, con el propósito de hacer estudios sobre sus propiedades etnobotánicas.

“Fue plantada inicialmente al lado de la Facultad de Ciencias Químicas, pero luego de una remodelación la trajeron al lugar que ocupa hoy. La planta se estableció bien, porque ya estaba aclimatada, y luego de varios años empezó a florecer de forma más o menos permanente”, recordó académico Departamento de Botánica, Carlos Baeza Perry.

El investigador llamó la atención sobre la gran energía que despliega la puya en su proceso de floración -que se va alternando entre las distintas rosetas que componen la planta, entre años- y el breve lapso que media entre la aparición del escapo y la llegada de las flores, de poco más de un mes.

Crédito: Esteban Paredes Drake/DirCom UdeC.

“Es un trabajo enorme y muy armónico.  Los tejidos merismáticos florales (vinculadas con el crecimiento) tienen que estar funcionando muy sincronizados para generar este espectáculo maravilloso que nos regala la naturaleza en la Universidad”, dijo.

Una planta para admirar

Ambos especialistas destacan el interés que genera el chagual entre los habitantes habituales del barrio y sus visitantes, que ya tienen incorporado en su memoria el hito primaveral de su floración.

“La gente pasa, grandes y chicos, comentan que ya viene de nuevo, se preguntan cuántas varas irá a tener; algunos van fotografiándola en etapas, para ver cómo se desarrolla. Quien pasa a su lado tiene que ver algo de ella, es imposible no admirarla”, señaló Marticorena.

El profesor Baeza afirma que la puya ya es un patrimonio de la Universidad y de Concepción que continúe encantando a la comunidad. “La gente pasa por la puya y siempre se detiene a mirar si ha aparecido algún escapo, que es como un gran espárrago, o bien para ver cómo ha crecido y fotografiar sus flores”, comentó.