Migrar a otro país no necesariamente implica transformar profundamente la manera de hablar. Sin embargo, el contacto cotidiano con una nueva comunidad lingüística puede introducir pequeños cambios que inciden en la percepción de quienes escuchan.
El estudio denominado ‘Cuando yo hablaba colombiano, la gente no me pescaba: una aproximación al habla migrante en Santiago de Chile’, evaluó a un grupo de mujeres migrantes colombianas e identificó un positivo efecto en la percepción de nuestros y nuestras compatriotas.
Esta investigación se realizó en el contexto de un proyecto Fondecyt Postdoctoral acogido a la Universidad de Concepción, siendo liderado por Diana Muñoz Builes, actual directora del Laboratorio de Fonética de la Pontificia Universidad Católica de Chile, junto al académico del Departamento de Español de la Facultad de Humanidades y Arte de la UdeC, Mauricio Figueroa Candia.
Juntos realizaron este novedoso trabajo, que se acerca e intenta explicar en parte qué pasa con la entonación de personas colombianas que migran a Chile, y cómo esa entonación puede potencialmente cambiar y posteriormente también cómo chilenas y chilenos valoran después dichas entonaciones.
Cabe destacar que la entonación de las personas que habían migrado a Chile -las del grupo experimental- se comparaba con un grupo de control, que eran personas que no habían migrado a Chile, sino que eran de Medellín y que fueron grabadas desde allá.
Cercanía
“Los hallazgos principales de esta investigación son que, en el caso de las hablantes colombianas, había pocas modificaciones de su entonación que pudieran ser atribuibles al cambio a Chile. Eso lo podemos determinar porque cuando se lo comparó con las hablantes que no habían migrado, la entonación era muy parecida, sin embargo, si el primer grupo presentaba algunos pequeños detalles en su habla, a veces no solo en la entonación, sino en leves modismos que se acercan a la realidad chilena, dicha modificación era altamente valorada”, precisó el investigador UdeC.
Consignar que los jueces y juezas más jóvenes -estudiantes chilenos/as que valoraron la entonación de ambos grupos- manifestaron actitudes más positivas hacia el habla migrante que los mayores. Lo anterior puede reflejar mayor apertura, menor prejuicio o simplemente una menor tendencia a evaluarse negativamente.
“El resultado coincide con un patrón observado en distintas lenguas y variedades: las generaciones mayores suelen ser más conservadoras lingüísticamente, mientras las jóvenes tienden a mostrar mayor innovación y tolerancia, aunque existen excepciones individuales”, cerró el profesor Mauricio Figueroa.
El estudio aporta así una mirada a la relación entre migración, habla y percepción social, mostrando que el contacto entre variedades de una misma lengua puede generar modificaciones sutiles y que estas, a su vez, pueden ser valoradas de distintas maneras por quienes escuchan.









